La plaga conocida como ‘Cotonet de Sudáfrica’ –en referencia a su país de pro-cedencia- se expande en diferente grado por buena parte de las zonas citrícolas valencianas. Ya está presente en Tarragona y amenaza con propagarse también a corto plazo por Murcia y muy probablemente, antes de concluir la próxima campaña, se detectará en Andalucía. Sendos gobiernos regionales, de hecho, ya han empezado a prepararse para su llegada.

El Comité de Gestión de Cítricos (CGC), la patronal nacional del comercio privado, coincide con los expertos en señalar que, tras la prohibición del uso de los únicos insecticidas eficaces contra este patógeno foráneo –el Clopirifos y el Metil-clorpirifos–, la plaga está “fuera de control” y provocará importantísimos daños tanto en el campo, por la deformación del fruto que provoca, como en los centros de confección, donde los destríos de la próxima campaña se sabe se dispararán.

Ante la ausencia de alternativas fitosanitarias, se impone el recurso a soluciones biológicas pero, según las reuniones mantenidas con el Servicio de Sanidad Vegetal valenciano, los insectarios de la Generalitat -el de Almazora y el de Silla- no están en condiciones de criar y multiplicar los enemigos naturales de esta plaga para así proceder a su suelta masiva. De ahí, que el CGC ofrezca la colaboración de sus empresas asociadas para facilitar su producción y dispersión desde insectarios propios y reclame al Consell valenciano que, a la mayor brevedad, subcontrate estas labores para disponer de un plan de lucha biológica efectivo en 2021.

Ésta ha sido la solución por la que ha apostado ya la Junta de Andalucía que, en previsión de que pueda localizarse un foco del Cotonet de Sudáfrica o del Delottoccoccus aberiae en su región, mantiene conversaciones con una empresa privada –con amplia experiencia en este tipo de soluciones- para el suministro y su inmediata suelta masiva tanto del depredador nativo Cryptolaemus montrouzieri (que ya se usa para controlar otros tipos de cochinillas ya presentes) como para, en su caso, criar y multiplicar en sus insectarios y dispersar el parasitoide importado de Sudáfrica, Anagyrus aberiae, que sólo se alimenta de esta plaga. Con tal intención, la Junta solicitará en breve al Ministerio de Agricultura la misma autorización para su suelta que en julio se concedió para la Comunidad Valenciana. Es previsible que el Gobierno murciano siga los pasos del andaluz. “La Generalitat Valenciana debería considerar también esta opción”, advierten desde el CGC.

GARANTIZAR EN 2021 UN PLAN DE LUCHA BIOLÓGICA EFECTIVO QUE PERMITA EVITAR EL IMPACTO DE UNA SEGUNDA CAMPAÑA CON LA PLAGA DESCONTROLADA Y EN EXPANSIÓN

Con la intención de facilitar la actuación de los Servicios de Sanidad Vegetal valencianos, el CGC pone a su disposición los insectarios particulares de más de una decena de operadores asociados para ampliar la producción de ambas soluciones naturales y facilitar a un tiempo su dispersión, tanto por las fincas propias como por las vecinas. El caso del Cryptolaemus es especialmente acuciante porque su suelta podría comen-zar este mismo verano pero la falta de cantidad suficiente que poder distribuir por parte de los insectarios de la Generalitat va a limitar su dispersión a unos mínimos de dudosa eficacia. En idéntico sentido, la Conselleria de Agricultura valenciana tampoco ofrece garantías de que en 2021 haya multiplicado el parasitoide Anagyrus en cantidad suficiente para ser capaz de menguar la población de esta plaga.

Junto a ello y dado que la identificación precoz y la monitorización del estado fenológico del ‘Cotonet de Sudáfrica’ son claves para planificar las posibles acciones de control, las empresas exportadoras del CGC han venido informando a la Conselleria de Agricultura de las posibles detecciones y se ofrecen también para instalar en los árboles de sus fincas las trampas con la feromona sexual atrayente que sirve para confirmar su presencia y niveles de población. Garantizar en 2021 un plan de lucha biológica efectivo que permita evitar el impacto de una segunda campaña con la plaga descontrolada y en expansión (además de los daños en la próxima, se podrían sumar los de la 2021/2022) pasa también, a juicio del CGC, porque el ministerio renueve ya el permiso excepcional dado para el uso de esta feromona en la presente campaña. Por eso y por encontrar alguna manera de abaratar su coste y por facilitar su inclusión en los programas operativos europeos para así propiciar un uso más generalizado.

Como ha reclamado ya el propio Gobierno valenciano y secunda el conjunto del sector, el éxito de la cruzada contra el ‘Cotonet de Sudáfrica’ pasa –en último pero no menos importante lugar- por la implicación financiera del propio Gobierno central así como por la coordinación de todas las administraciones regionales de las zonas citrícolas, que el CGC reitera que se van a ver afectadas a corto o medio plazo. Con todo, donde primero y más intensamente urge actuar para reducir sus niveles de población y atenuar el daño es, obviamente, en la Comunidad Valenciana, donde las autoridades no han sido capaces de planificar la respuesta a una plaga que se detectó en otoño de 2009.