Victorino Martín / Presidente de la Fundación del Toro de Lidia

Hace pocas semanas nos acordábamos de Miguel Delibes en una carta que desde la Fundación del Toro de Lidia escribimos al alcalde de Valladolid. El motivo era la aparición del logo del Ayuntamiento de Valladolid junto con el de una conocida entidad animalista en unas piezas de publicidad institucional.

Nos preguntábamos sobre lo que hubiera pensado el Delibes cazador, viendo al ayuntamiento de su ciudad junto con el de una entidad que representa no solo el fin de la caza, sino el de todo ese universo rural tan maravillosamente por él descrito. El alcalde de Valladolid, es cierto, ordenó la retirada inmediata de la campaña.

Más allá de la anécdota, se trata de un episodio más del avance del movimiento animalista. Los españoles asistimos, un tanto estupefactos, a la aparición de una ideología que se arroga una absoluta superioridad para determinar lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, y que pretende acabar sin más con nuestras tradicionales formas de vida.

Y estoy seguro que mucha gente, desconcertada, se pregunta por este animalismo que de pronto se ha colado en nuestra vida pública. ¿Qué es este movimiento? ¿De dónde ha salido? ¿Qué hay detrás? Lo cierto es que no tenemos respuesta a todas las preguntas. Pero desde la Fundación del Toro de Lidia llevamos tiempo estudiando de cerca el fenómeno, como para sí poder presentar muchas certezas.

La certeza más evidente es que la imposición de la ideología animalista sería una catástrofe cultural, económica y ecológica para nuestro país.

Porque la ideología animalista sostiene que el ser humano no tiene derecho alguno a utilizar los animales en su beneficio. Se trata de una filosofía radicalmente incompatible con nuestra cultura, forjada alrededor del humanismo mediterráneo. El animalismo supondría el fin de nuestra manera de existir, de ser lo que somos. Pensemos en las muchas tradiciones culturales de nuestra tierra en las que hay algún animal involucrado, pensemos en todas las explotaciones ganaderas a lo largo del país, en la industria de la elaboración de alimentos o en el impacto que tendría sobre nuestras dehesas.

El animalismo no va de cuidar perros y gatos, el animalismo supondría la devastación de nuestra España rural. El animalismo no es una amenaza solo para los toros o caza, es una amenaza global.

La pregunta que surge inmediata es ¿quién está detrás de estos movimientos?

Desde la Fundación del Toro de Lidia decidimos hacer una sencilla investigación, ver quiénes eran las principales entidades animalistas en el mundo y qué presupuestos manejaban. El resultado, que haremos público en breve, nos dejó perplejos. Sabíamos que el animalismo era un movimiento poderosamente financiado, pero no imaginábamos hasta qué extremo: solo las cinco primeras entidades animalistas del mundo manejan un presupuesto conjunto de más de 800 millones de dólares anuales.

Esta potencia económica anual permite desplegar campañas globales y locales, financiar asociaciones locales en multitud de países, realizar acciones publicitarias, pagar abogados, comunicadores, estudios, etc.

Con esa financiación implementan una estrategia que busca la imposición de un pensamiento hegemónico que asuma como normal la igualdad entre seres humanos y animales, satanizando el uso de animales para nuestra alimentación, vestimenta, ocio o incluso para la investigación médica.

Vemos un movimiento internacional organizado, con el fin de imponer un nuevo orden moral en el mundo, de manera que este sea más plano culturalmente, más homogéneo, una suerte de pensamiento único en un mundo con consumidores homogéneos, seres alienados que consumen contenidos y bienes, sin criterio, desamparados sin las certezas que nos proporcionan la tradición y los valores comunes.

Es el momento de que todos los que amamos la cultura tal y como la conocemos nos levantemos y nos unamos para decir basta, nuestra cultura no se toca, no lo vamos a consentir.