Un estudio de la Universidad de California, Davis (UCD) publicado recientemente en la prestigiosa revista científica Ecology Letters, concluye que los paisajes naturales que rodean los viñedos pueden disminuir los brotes de plagas y reducir el uso de pesticidas. «En el momento de la cosecha, encontramos que los brotes de plagas aumentaron cuatro veces en paisajes simplificados dominados por viñedos en comparación con paisajes complejos en los que los viñedos están rodeados de hábitats naturales», según indica Daniel Paredes, autor principal y doctor en Ciencias Ambientales por la Universidad de Granada.

Para esta investigación, el equipo científico dirigido por el investigador postdoctoral Daniel Paredes, en el laboratorio de Daniel Karp dentro del Departamento de Vida Silvestre, Peces y Biología de la Conservación de la Universidad de California, Davis (WFCB), analizó una base de datos de 13 años del Gobierno de Andalucía (España) proporcionada por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible con la que evaluaron cómo los paisajes que rodean a 400 viñedos influyeron en los brotes de la plaga de la polilla de racimo (Lobesia botrana) y en las tasas de aplicación de insecticidas.

En general, los resultados obtenidos en este estudio, apuntan a que los paisajes simplificados aumentan los brotes de plagas en los viñedos y aumentan las frecuencias de aplicación de insecticidas. Por el contrario, los viñedos rodeados de hábitats más productivos y más áreas de matorrales tienen menos probabilidades de aplicar insecticidas.

Según explica el equipo de investigación, «rara vez se manejan los paisajes alrededor de campos de cultivo para suprimir las plagas dañinas, en parte porque rara vez los investigadores miden las variables clave que impulsan las decisiones agrícolas». Este estudio es, por tanto, una muestra de cómo el uso de conjuntos de datos realmente enormes, en este caso generados por empleados de la Red de Alerta e Información Fitosanitaria (RAIF) que trabajan con agricultores en Andalucía, «puede revelar cómo los hábitats naturales que rodean los campos agrícolas pueden influir en los brotes de plagas y el uso de pesticidas en los viñedos», explica el coautor Jay Rosenheim, profesor del Departamento de Entomología y Nematología de la Universidad de California, Davis.

LAS PLAGAS, UN PROBLEMA MAYOR EN LOS VIÑEDOS RODEADOS DE MÁS VIÑEDOS

Este estudio ha detectado además cómo las aplicaciones de insecticidas se duplicaron en los hábitats naturales dominados por viñedos, pero disminuyeron en viñedos rodeados de matorrales. Lo que indica que la simplificación del paisaje podría afectar no solo a los rendimientos agrícolas, sino también a la salud ambiental y humana. «La conservación del hábitat a nivel de paisaje representa, por tanto, un enfoque económico y medioambientalmente razonable para lograr una producción de uva sostenible en España», señala el Profesor Karp.

Una posibilidad, planteada en este estudio, es que las grandes extensiones de viñedos estén generando que las poblaciones de plagas crezcan rápidamente debido, según explican, a que los paisajes de viñedos simples pueden no contener suficientes recursos para mantener a los insectos depredadores que controlan naturalmente las plagas de los viñedos. Lo que parece claro es que, según señalan desde el equipo de investigación, «el fomento del monocultivo crea las condiciones perfectas para que se den brotes de plagas», motivo que explica por qué «los agricultores han recurrido constantemente a los insecticidas para mantener altos rendimientos bajo la constante presión de las plagas».

Las conclusiones de esta investigación apuntan hacia varias soluciones posibles. A nivel individual, el equipo de investigación opina que para controlar mejor las poblaciones de L. botrana o polilla del racimo, los agricultores pueden plantar vegetación nativa dentro y alrededor de su finca. Y a nivel colectivo, podrían coordinarse entre sí para mantener y/o restaurar grandes parcelas de hábitats productivos de matorrales en el paisaje circundante.

Este trabajo ha sido financiado por el proyecto de investigación SECBIVIT, o «Escenarios para proporcionar múltiples servicios ecosistémicos y biodiversidad en paisajes vitivinícolas», con una subvención de la National Science Foundation (EEUU) a través de una convocatoria de BiodivERsA y Belmont Forum.

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