La Guardia Civil y la Agencia Aduanera han desarticulado una organización que fabricaba vino, licores y zumos adulterados que vendían en varios países europeos. En la operación, en la que ha habido seis detenidos, estaban implicadas varias bodegas y alcoholeras de la provincia de Ciudad Real.

Aunque estos productos adulterados se vendían también en España, principalmente su destino eran países como Holanda, Austria, Bélgica, Francia, Moldavia y Rusia, según han dado a conocer este miércoles el delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha,Francisco Tierraseca, el teniente coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Ciudad Real, Juan Antonio Valle y el delegado provincial de la Agencia Tributaria, Javier Martín-Pérez.

Tierraseca ha destacado la importancia de esta operación, denominabada ‘Isolu, que ha coordinado el juzgado de Instrucción número 2 de Tomelloso (Ciudad Real), y que ha permitido desarticular un importante entramado que cometía fraude y competencia desleal a empresas, cooperativas y bodegas de Castilla-La Mancha que producen vino y alcohol de manera legal.

La operación se ha saldado con seis detenidos, los dos presuntos jefes y cuatro colaboradores, y hay imputados otros 27 miembros de la organización, y también se han hecho registros en 11 establecimientos y viviendas de Ciudad Real, Toledo y Madrid.

En los registros, que contaron con el apoyo de las unidades de auditoría informática (UAI) de la Agencia Tributaria, se recogió numerosa documentación en soporte informático, además de documentos en papel y muestras de productos, así como a la intervención de nueve vehículos de lujo y dinero en efectivo.

Además, en uno de ellos se localizaron de forma casual cuatro armas de fuego ilegales, dos armas de avancarga, un revolver y una pistola automática.

LA TRAMA HABRÍA LLEGADO A REALIZAR IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES FRAUDULENTAS POR IMPORTE DE CASI 100 MILLONES DE EUROS

La organización utilizaba una compleja trama de más de 60 sociedades, algunas meramente instrumentales, con presencia en España y otros seis países europeos, para adquirir sucedáneos de mosto y alcoholes rectificados para adulterar el producto final y ofrecer precios más bajos en perjuicio de la competencia y el consumidor

La adquisición de productos adulterados generó un beneficio de cerca de 78 millones de euros a la trama, que habría llegado a realizar importaciones y exportaciones fraudulentas por importe de casi 100 millones de euros.

La operación arrancó en septiembre de 2018 cuando se comenzaron a investigar las prácticas comerciales de varias empresas de la región que estaban introduciendo materias primas para la elaboración de vinos y aguardientes que no se correspondían con las habituales.

En concreto, en lugar de mosto utilizaban la isoglucosa (jarabe de maíz y de otros productos, llegando incluso a utilizar mandioca) para fabricar el vino, y alcohol procedente de cereales (frente al alcohol vínico) para la elaboración de aguardientes y brandy.

La organización utilizaba esta compleja estructura para una doble operativa, que en el caso de la isoglucosa, se transportaba directamente desde empresas productoras o almacenistas de Holanda y Bélgica hasta las bodegas españolas, documentando la venta a través de varias sociedades instrumentales nacionales y extranjeras que cambiaban la naturaleza del producto en sus facturas y ocultaban la identidad de los autores del fraude.

Cuando se recibía la isoglucosa, se rebajaba y se fermentaba o se concentraba mezclada con productos vínicos, con el fin de abaratar costes y no para aumentar el grado alcohólico de forma artificial, llegando incluso la trama a disponer de laboratorios propios.

En el caso del alcohol, los responsables de la organización compraban el alcohol rectificado en depósitos fiscales de Rotterdam (Holanda), donde lo rebajaban y lo mezclaban para obtener resultados isotópicos compatibles con el vino.

A continuación, enviaban el producto hasta una fábrica de alcohol vínico colaboradora, donde se le añadían congéneres (químicos naturales) de vino, o se simulaba su envejecimiento para perfeccionar la adulteración como aguardiente o brandy, y después se facturaban los productos adulterados a través de varias sociedades instrumentales con la misma finalidad de ocultación.

(Fotos: Benemeritaaldia.org y Archivo)