Todo el mundo habla de la España Vaciada, de la incorporación de los jóvenes al mundo rural, del emprendimiento para salvar los pueblos,… pero realidad es que los problemas se solapan unos tras otros. Ahora COAG Castilla y León ha denunciado que cientos de jóvenes no pueden instalarse en los pueblos de la región por la dificultad de acceder a la vivienda debido a un peculiar y desordenado mercado inmobiliario los está ahuyentado del medio rural.

Lucía Ibáñez no es un nombre ficticio. Ni los dos años que tardó en encontrar la casa en Astudillo en la que, por fin, vive. Lucía Ibáñez tiene 33 años, es fotógrafa y a punto estuvo de claudicar, de arrojar su ilusionante proyecto por la borda de las esperanzas por no encontrar un pequeño local en el que instalar su estudio. Lo encontró tras un año de búsqueda. Luego, las cosas fueron bien, quiso crecer, buscar algo más grande y en tal empresa lleva empleado otro año sin resultados.

No es un caso aislado. La propia Lucía cuenta a COAG Castilla y León que “muchos amigos tienen el mismo problema. No encuentran nada en Astudillo y tienen que marcharse a vivir a Palencia o a Villalobón”.

El problema es recurrente. Un considerable número de jóvenes aseguró sufrirlo o conocerlo ya en las jornadas sobre el Futuro del Sector Agrario organizadas hace un tiempo por COAG Castilla y León en La Santa Espina. A este acto asistieron más de 200 candidatos a nuevos agricultores.

Mientras, los medios de comunicación traen todos los días ofrecimientos de la España despoblada a los jóvenes para instalar su proyecto de vida, pero la realidad es más terca, la realidad es que las casas están, pero vacías y llenarlas de vida es más difícil de lo que parece.

Por ello, COAG Castilla y León pide a la Administración que se arbitren medidas para facilitar el acceso a la vivienda tales como organizar la información sobre alquileres o incentivos fiscales que favorezcan y dinamicen el arrendamiento de viviendas para potenciar la instalación de jóvenes en el medio rural.

Belén Sesé es educadora social, tiene 29 años y quería vivir en Saldaña. Llevaba cinco meses invertidos en el proyecto de buscar casa. “Unas casas eran viejas y estaban en mal estado, otras casas eran habitables pero los dueños no las alquilaban por desconfianza, otras casas podrían alquilarse o venderse pero nadie lo sabía”, razona Belén.  En realizad a Belén donde realmente le encantaba vivir era en Ledigos: pero sabe, lo ha comprobado empírica y consternadamente, que en esta localidad no hay opción. Es imposible encontrar casa.

Ella y su pareja han encontrado vivienda por fin en Saldaña y todas las trabas con que se han topado no han mellado su ímpetu emprendedor: en verano abrirán una casa rural y una fábrica de cerveza artesana en la vecina localidad de Ledigos, dónde ya tenían un terreno. Todo el complejo se llamará “Vereda”.

La tormenta perfecta que sacude el, por llamarlo de alguna manera, mercado inmobiliario rural, se alimenta de casas en mal estado, propietarios que no quieren alquilar, solo vender, nula información sobre viviendas en alquiler o venta, desconfianza por parte de los propietarios sobre las personas interesadas en arrendar sus casas, escaso pero constante turismo veraniego en algunas zonas que muchas veces revienta los precios, una visión hiper sentimental de las propiedades que no contempla ni por asomo dejarlas utilizar a personas que no sean de la familia, ausencia de una mínima organización de mercado, utilización de los inmuebles como muy esporádica segunda residencia, y un considerable etcétera.

Y cierta ignorancia, y por tanto, desmesura en los precios. Lucía Ibáñez cuenta a COAG Castilla y León que le llegaron a pedir 900€ mensuales por alquilar una casa pequeña y de leña, o sea, sin calefacción.

Marina Villaverde decidió independizarse en su propio pueblo. El pueblo era Cevico de la Torre, marcharse a vivir junto a otras dos amigas. Deseo imposible: llevan buscando casa desde agosto con nulos resultados. En su caso, que como ya hemos expuesto los hay de toda índole, es que la gente no alquila. Venta o nada. De hecho, a punto estuvo Marina de encontrar una casa para alquilar pero “llegó una señora que quería comprar y el propietario no lo dudó”, dice. La mejor postora tuvo preferencia.

Marina tiene 29 años, estudió Bellas Artes, trabaja en la residencia de ancianos de Cevico y quiere especializarse en el mundo de la educación. Pertenece al igual que las anteriores al Bloque Joven Rural (asociación juvenil palentina formada por unos 200 jóvenes), organismo que ha decidido organizar una pequeña base de datos para recoger la diseminada información que existe sobre la compra, la venta y el alquiler de domicilios rurales, porque muchos de sus miembros están interesados en conseguir vivienda. Es uno de sus problemas principales. Marina dice que en torno a un 70 por ciento de los miembros del Bloque Joven tiene ese mismo problema.