La asociación de salinas marinas (SALIMAR) ha detectado incoherencias en el Reglamento Europeo sobre producción y etiquetado de productos ecológicos 2018/848, el cual incluye por primera vez la sal. Las observaciones de esta entidad sobre la producción ecológica de sal vienen dadas por el informe que un grupo de personas expertas ha realizado por encargo de la Comisión Europea en torno a las técnicas de producción admitidas.

“En dicho informe se permiten métodos de producción que entendemos que no resultan ni beneficiosos para el medio ambiente ni sostenibles. Están, por tanto, en contradicción con el objetivo de las normas de producción ecológica”, afirman fuentes de SALIMAR.

En concreto, desde la asociación explican que la sal solo puede ser considerada de producción ecológica cuando tiene un origen natural, como agua de mar o salmueras como lagos salados o manantiales y cuando es el resultado de una cristalización solar, es decir, con la única acción del viento y sol y sin el añadido de ningún producto químico.

Por el contrario, en SALIMAR especifican que no deberían admitirse técnicas como la minería para obtener sal gema (que destruye el ecosistema), la disolución de sal gema para crear una salmuera de manera artificial (que implica un gran consumo de agua), la evaporación artificial (por su alto consumo energético y la elevada huella de carbono) o el uso de aditivos y coadyuvantes (que desvirtúan el carácter natural de la sal como mineral).

Con todo, SALIMAR se posiciona a favor de certificar con la “Eurohoja” (el sello que garantiza que un alimento en la Unión Europea es ecológico) a la sal marina, cuya explotación genera ecosistemas basados en humedales ricos en biodiversidad y reconocidos como parques protegidos, junto con la sal naturalmente evaporada.

“Para la producción de estas sales no es necesario añadir ningún aditivo. Además, podrían cubrir la demanda potencial de este mineral a nivel europeo. Igual que no podemos aspirar a producir tomates ecológicos en climas donde no funcionan dichos cultivos, no podemos esperar que en todas las regiones de Europa sean productoras de sal ecológica”, concluyen.