En una visita a las obras de recrecimiento de Yesa tras los recientes episodios de lluvias de las últimas semanas, un vecino ha grabado en vídeo la aparición de grandes grietas en la ladera derecha del embalse, la misma donde en los últimos años la Confederación Hidrográfica del Ebro ha tenido que invertir 55 millones de euros de dinero público en un infructuoso intento por detener los movimientos.

Las asociaciones en contra de esta presa lamentan que tenga que ser la ciudadanía quien vigile la situación en Yesa ante la grave falta de transparencia de la CHE. La misma aparición de estas últimas grietas (inexistentes hace algunas semanas) es un claro ejemplo del significado del concepto “equilibrio estricto”: falta de margen para la seguridad; algo que choca con el hecho de que las autoridades lo hayan usado para transmitir lo contrario.

Las organizaciones recuerdan que hace menos de un mes, el Gobierno de Navarra presentó las conclusiones de un informe sobre la seguridad de esa misma ladera, en el que se asumía que todavía existen “importantes” incertidumbres sobre el comportamiento de los materiales o la hidrogeología de la ladera que “justificarían investigación complementaria”, y que serían necesarias medidas adicionales para garantizar la seguridad de la presa actual, aunque no se llevara a cabo el recrecimiento.

A pesar de la claridad de su propio informe, las asociaciones lamentan que el Gobierno navarro trató de maquillar los resultados y lanzar un mensaje engañosamente tranquilizador a la sociedad. Lo que tenemos es una ladera que sufre inestabilidad global, demostrada por la aparición de episodios de movimientos localizados en diversos
puntos.

A día de hoy ninguna obra de ampliación sería aprobada con tal grado de incertidumbre. El recrecimiento de Yesa es un proyecto peligroso y la administración sigue sin poder garantizar su seguridad a futuro.

Por ello, exigien a la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera -de quien depende la CHE-, que demuestre su compromiso por una nueva cultura del agua y que paralice inmediatamente las obras de recrecimiento de Yesa: una obra que en 18 años ha multiplicado por cuatro su presupuesto -de 113 a 460 millones de euros en 2019, de los cuales faltaría aún la mitad por invertir- y que es un ejemplo paradigmático de los faraónicos proyectos hídricos del pasado, que no ofrece soluciones reales ante la
emergencia ecológica y climática.

Las asociaciones de afectados piden a la ciudadanía que se solidarice con las poblaciones de aguas abajo del embalse de Yesa tras estas nuevas grandes grietas y acudan a la movilización convocada el próximo sábado 4 de enero en Sangüesa a las 19.30 para exigir seguridad, transparencia y la paralización de las obras.