Varios estudios realizados por la Cátedra de Micología de la Universidad de Valladolid confirman que el cultivo del avellano para obtener avellanas, además de trufas y otros hongos comestibles de alto valor gastronómico y económico, es una alternativa viable en la mitad norte de España. De hecho, en las plantaciones de avellanos productores de fruto se obtienen un rendimiento bruto de 3.000 a 4.000 euros por hectárea y un margen neto de 1.600 euros por hectárea, según las estimaciones de la Cátedra de Micología que tiene su sede en la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de Palencia.

Los ensayos realizados en varias parcelas de la provincia de Palencia indican que este cultivo “presenta ventajas económicas y ecológicas muy interesantes para el campo en Castilla y León y en la mitad norte de España”, ha manifestado, en un comunicado, el director de la Cátedra de Micología, Juan Andrés Oria de Rueda.

La avellana tiene “un futuro halagüeño” dada la creciente demanda mundial dentro del sector de los frutos secos

Este experto ha asegurado que el mercado de la avellana está “en auge” ya que se producen 850.000 toneladas de avellanas en el mundo y se demanda más de un millón.

De ahí que las plantaciones de avellano tengan en este momento “un futuro halagüeño” dada la creciente demanda mundial dentro del sector de los frutos secos.

Además se trata de un cultivo “muy atractivo” para los productores porque requiere pocos cuidados, no necesita mucha agua, ni productos químicos, exige pocos gastos de explotación, y las tareas de mantenimiento y recolección están mecanizadas.

De hecho, según este experto, la producción de avellanas exige apenas 30 horas de trabajo por hectárea al año y reporta el doble de beneficio que el maíz, por ejemplo.

Asimismo se trata de una especie de la flora autóctona que crece de forma espontánea en todas las comarcas, especialmente en terrenos frescos y calcáreos pero que puede desarrollarse eficazmente en el resto de suelos.

En Castilla y León ocupa de forma completa las áreas montañosas septentrionales y prolifera perfectamente en las vegas de los ríos, de donde ha sido erradicado en los últimos decenios debido a la utilización de cultivos agrícolas y más recientemente por plantaciones intensivas de chopos híbridos.

Además del fruto seco son capaces de asociarse con diversas especies de trufas y hongos comestibles

Pero no solo es una planta autóctona cuyo fruto es necesario para el oso pardo, el lirón gris, el pico mediano y otras especies de animales, sino que además las avellanedas de vega constituyen un valioso hábitat prioritario en la Unión Europea cuya recuperación es deseable.

Otra de las ventajas de este cultivo es que además de producir el apreciado fruto seco son capaces de asociarse con diversas especies de trufas y hongos comestibles muy apreciados, ha explicado el director de la Cátedra de Micología.

En particular hay varias especies de trufas especialmente indicadas para el avellano (Tuber uncinatum y Tuber aestivum, Tuber borchii y Tuber brumale) que pueden producirse en elevadas cantidades, con menos cuidados, exigencias e inversión que los que se requieren para la trufa negra, a la vez que sirven para la óptima producción de avellanas.

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