José Luis López Rendón / Representante del Grupo de Jóvenes de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía

El campo andaluz está a las puertas de la jubilación. Cuatro de cada diez titulares de explotación superan los 65 años y apenas un 15% tiene menos de 45 años. Estos datos, recogidos en el último Censo Agrario del Instituto Nacional de Estadística, son el reflejo de un sector que envejece y no encuentra relevo. Apenas 41.000 jóvenes en toda Andalucía hemos hecho de la agricultura o de la ganadería nuestro medio de vida. Con grandes trabas y mucho esfuerzo.

La incorporación al campo es costosa. En tiempo y en dinero. La burocracia, el precio del suelo y los gastos de la actividad agraria son los primeros obstáculos que nos encontramos. Después está el día a día. No vivimos tiempos boyantes. Los costes de producción están disparados, la sequía nos tiene en una constante incógnita y la rentabilidad no siempre está asegurada.

Sí estamos seguros de algo. Pertenecemos a un oficio digno. No hay nada más satisfactorio que alimentar a nuestro entorno con los productos que hemos cosechado o producido con esmero y esfuerzo durante semanas. Ahora bien, la empresa es aún mayor.

La población mundial no deja de crecer y la seguridad alimentaria dependerá de que preservemos la tierra. De los frutos que nos da. De si tendremos manos suficientes para trabajarla. El futuro de la agricultura y la ganadería pasa necesariamente por la digitalización, por la transformación de explotaciones, por garantizar el acceso equitativo y eficiente al agua, pero también por asegurar el factor humano: la nueva generación de profesionales, de productores y, por supuesto, de cooperativistas, que perpetuarán nuestro campo.

El talento no se acercará solo, y menos sin garantías. Las ayudas para la incorporación a la actividad agraria se están quedando cortas. Poner en marcha una explotación agraria no sólo depende del respaldo financiero, también del apoyo fiscal y burocrático. La tierra es cara y las generaciones más jóvenes no tenemos los avales suficientes para acceder a ella. Las administraciones tienen que ser conscientes de este obstáculo y reformular las normas. De lo contrario el campo acabará abandonado.

El respaldo externo no servirá de nada si nosotros no hacemos los deberes. Debemos difundir el valor estratégico de nuestra actividad y fomentar la vocación agraria entre las generaciones más jóvenes, desde los colegios hasta la universidad. En Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía hemos comprendido que sólo seremos capaces de asegurar nuestro futuro si cultivamos la relación con nuestros consumidores más exigentes, con nuestros profesionales del mañana. Si despertamos el interés de los niños y las niñas por una actividad como la agraria, no sólo estará asegurada su continuidad, sino que mantendremos vivos nuestros pueblos y Andalucía seguirá siendo una tierra de gran riqueza.

Por todo ello, con motivo del Día Internacional de la Juventud, es momento de llamar a la acción a gobiernos, organizaciones, cooperativas y centros educativos. Es hora de alterar las estadísticas, de que nuestros mayores nos animen a continuar con su legado, de tomar las riendas del sector agroalimentario, de poner todo nuestro talento para seguir haciendo de Andalucía un referente en la producción y transformación agroalimentaria, con un campo tecnificado, profesionalizado y competitivo, dentro y fuera de nuestras fronteras. Estamos decididos a cultivar el presente para alimentar el futuro.