Honorato Meneses / Presidente de Asaja Palencia

En el Campo Palentino de febrero reivindicaba, desde esta sección, soluciones para la deficiencia histórica de agua de riego en el sistema Carrión. Dos meses después la sequía se ha agudizado de tal manera que el peor escenario que podíamos imaginar se está haciendo realidad. La climatología se empeña en hurtarnos las precipitaciones, la campaña de riego en este sistema se queda en la mínima expresión y la cosecha, de seguir así, será nula.

Claro que la ausencia de lluvias no es culpa de nadie, pero es responsabilidad de la Administración proveer reservas de agua suficientes para garantizar la campaña a los regantes. Los agricultores sí hemos hecho nuestros deberes, con importantes inversiones en modernización que ahora debemos mantener pese a no obtener producción.

Se nos vendió que el trasvase procedente del embalse de Riaño iba a ser la solución pero ahora se demuestra que no es así. Fue una obra desmesuradamente cara y, sin embargo, sigue condenando a gran parte de los regantes de la cuenca porque el agua sólo llega a una reducida parte de ellos. Y la cruda realidad, en esta campaña, es que los regantes del Carrión van a tener de “regantes” sólo el nombre porque no dispondrán del agua que precisan para regar sus cultivos.

Y lo que es peor: no existe previsión alguna para evitar que la historia se repita, ya que los Presupuestos del Estado recién aprobados no contemplan ninguna inversión que permita hacer acopio de agua en el sistema Carrión.

Podemos estar de acuerdo en que la modernización es necesaria, pero aún lo es más contar con capacidad de almacenamiento suficiente. En el sistema Carrión ¿se hubiera podido regar si toda la superficie hubiera estado modernizada? Claramente no. Por ello, en lugar de empezar la casa por el tejado, la primera piedra que hay que poner es garantizar el agua embalsada.

La cuenca del Carrión es históricamente deficitaria, adolece de una buena regulación y prueba de ello es el innecesario y excesivo desembalse que se realizó en otoño.
Si los regadíos se crearon para no depender de la climatología, este objetivo no se está logrando en absoluto y cada vez dependemos más de las precipitaciones. A los hechos me remito. Tenemos que ser conscientes de que la climatología va a ser cada vez más extrema y nos vamos a encontrar estas situaciones con mayor frecuencia.

Pero no sólo es la climatología lo que tenemos en contra. A ello hay que sumar la nefasta gestión que está haciendo la Confederación Hidrográfica del Duero de los limitados recursos hídricos con que contamos. Estas actitudes dictatoriales no se pueden admitir. El organismo de cuenca debe revisar su forma de actuar, estar a la altura de las circunstancias y tener en cuenta que tienen que tomar decisiones valientes como requiere esta penosa situación que sufrimos.

En estas situaciones es cuando se demuestra el apoyo al campo y su gente por parte de las administraciones públicas, y éstas deben entender que tan catastróficas son las sequías como las inundaciones y terremotos, aunque desgraciadamente muchos ciudadanos de a pie no las perciban.