La reducción de emisiones de metano a la atmósfera procedentes de la ganadería pasa por unas soluciones de alto coste como los aditivos en piensos o el desarrollo de una vacuna que necesitan un impulso si se quiere lograr un recorte del 30% de las emisiones para 2030.

La ganadería es responsable de un tercio de las emisiones de metano, un potente gas de efecto invernadero que supone hasta un 30% de las emisiones globales y contribuye a un calentamiento de 0,5 grados centígrados.

La Cumbre del Clima de Dubái (COP28) ha acogido esta semana una reunión ministerial sobre el Compromiso Global de Metano, una iniciativa que busca apoyar a los países en la disminución global de las emisiones de metano en un 30% para 2030.

Más de 150 países, que representan la mitad de las emisiones de metano, se han comprometido a dedicar esfuerzos para cumplir dicho objetivo, mientras siguen negociándose nuevas metas a nivel internacional.

Los anuncios lanzados en Emiratos para acelerar los cambios incluyen acciones en sectores como la industria del gas y el petróleo, la agricultura y los residuos; y la movilización de más de mil millones de dólares en nuevas ayudas, de los que 200 millones irán a un acelerador de investigación y desarrollo en fermentación entérica (metano producido durante la digestión de los rumiantes).

MÁS FONDOS PARA ACELERAR EL CAMBIO

El profesor del departamento de Desarrollo Global en la Universidad de Cornell (Nueva York) Mario Herrero, miembro del recientemente creado Grupo de expertos en las emisiones de metano de la ganadería, explica a Efeagro que están surgiendo múltiples soluciones tecnológicas que todavía son «muy caras».

Por ejemplo, los suplementos de algas para la alimentación animal tienen el potencial de reducir las emisiones de metano en un 30% y están bastante desarrollados, si bien no se producen aún en la cantidad necesaria para garantizar un suministro constante.

«Los gobiernos pueden ayudar en la transición subvencionando este tipo de acciones. Los productores están haciendo esfuerzos importantes, pero se necesitan soluciones a gran escala para alcanzar un número de animales con el que podamos realmente lograr un cambio», apunta Herrero.

A su juicio, en el pasado no ha habido mucha financiación para esta área de investigación, por lo que hace falta una importante inyección de dinero para garantizar que ciertos productos puedan ser aprobados por las autoridades regulatorias, demostrando que son seguros.

El especialista, que ha participado en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), remarca la importancia de incrementar la productividad en la ganadería al tiempo que se reduce el número de cabezas de ganado, ya que «cuanto más se produce, menor es la intensidad de las emisiones, pero también son mayores las emisiones totales».

Por eso la comunidad científica incide en la necesidad de apoyar una gestión ganadera más eficiente y el cambio a dietas más sostenibles con menor ingesta de carne y lácteos en aquellos lugares donde hay un consumo excesivo, unido a la disminución del desperdicio alimentario.

En ese proceso de transición, el llamado Global Methane Hub está financiando, con ayuda del sector público y privado, experimentos con los que estudiar en detalle el impacto a largo plazo de todo tipo de proyectos para reducir la huella de metano.

Desde una vacuna hasta los posibles cambios en la composición de la dieta, el mejoramiento de razas o los protocolos de recogida de datos con los que mejorar la medición de las emisiones.

El Banco Mundial también ha presentado en la COP28 dos nuevas plataformas para reducir las emisiones de metano, una de ellas enfocada a la agricultura y los residuos.

CASOS DE ANÁLISIS

Herrero considera que las mayores dificultades están en los países de ingresos bajos y medios, donde la productividad no crece al ritmo que debería, aunque hay casos de éxito que vale la pena destacar.

Está la experiencia de Dinamarca, que ha reducido sus emisiones en un 5% en el sector porcino en una década con un avanzado sistema tecnológico, sobre todo en la gestión del estiércol.

La India lo ha hecho «increíblemente bien» mejorando los rendimientos de su ganadería, aunque debe aún recortar el número de cabezas, que tanta presión ejercen sobre los recursos, según Herrero.

Además, resaltan los avances en países latinoamericanos cada vez más industrializados como Colombia, Costa Rica y Uruguay, este último ejemplo de conservación del carbono en el suelo mediante la gestión de los pastos y de la reducción de emisiones de metano procedentes del ganado.

«Los créditos de carbono todavía no son muy altos. Necesitamos el apoyo de los gobiernos y el sector privado para empezar a incentivar a los agricultores», sostiene el experto.

La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha llamado, por su parte, a mejorar la medición de las emisiones de metano y analizar las opciones de mitigación en cada sistema productivo, así como lograr una transformación sostenible de la ganadería.

(Texto: Belén Delgado / Efeagro)

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