Unión de Uniones de Castilla-La Mancha critica la Orden 122/2026 de la Junta de Comunidades, por la que se establecen ayudas para financiar inversiones preventivas frente a los daños del conejo, al considerar que vuelve a plantear una respuesta parcial a un problema que es claramente estructural.
La organización agraria considera que la Junta vuelve a poner el peso de la solución sobre el agricultor mediante ayudas destinadas fundamentalmente a vallados perimetrales de las parcelas, protectores individuales para cultivos leñosos y eliminación de madrigueras o majanos.
«Esto es más de lo mismo. Se vuelve a actuar sobre la parcela que sufre el daño, pero no sobre el origen de una población de conejos que en determinadas zonas está provocando daños reiterados», señala Unión de Uniones.
La Orden contempla una ayuda del 70% del gasto elegible, con un límite de 14.500 euros por beneficiario, para este tipo de actuaciones preventivas. Sin embargo, para la organización, el problema no se resuelve financiando parcialmente al agricultor para que se proteja de los animales que llegan a su explotación.
«El problema no son los daños, el problema son los conejos. Y mientras no se actúe para reducir su población allí donde se concentra, se reproduce y desde donde se desplaza hacia los cultivos, estaremos poniendo parches», denuncia la organización.
CON ESTAS AYUDAS, EL PROBLEMA SE TRASLADA DE SITIO
Unión de Uniones de Castilla la Mancha advierte de que las medidas contempladas en la Orden pueden terminar provocando que el problema simplemente cambie de ubicación.
Si un agricultor cerca su parcela, los conejos continuarán existiendo fuera de ella. Si se protege un cultivo leñoso mediante protectores, la presión sobre otros cultivos seguirá produciéndose. Y si se elimina una madriguera concreta, mientras permanezcan otros espacios de refugio y reproducción, la población continuará desplazándose.
«Si se protege una parcela, el conejo buscará otra. Si se cierra un cultivo, la presión se trasladará al siguiente. No se puede poner puertas al campo. No se puede pretender resolver un problema territorial y de población poniendo barreras finca por finca», subraya Unión de Uniones.
La organización considera especialmente preocupante que la respuesta de la Junta vuelva a centrarse en actuaciones que debe ejecutar el propio agricultor cuando buena parte de los focos desde los que se produce la entrada de conejos se encuentran fuera de las explotaciones agrícolas.
Para Unión de Uniones de Castilla la Mancha, la propia naturaleza de las actuaciones subvencionadas demuestra que la Orden está orientada fundamentalmente a proteger al cultivo de las consecuencias, pero no a solucionar la causa.
El agricultor puede recibir apoyo para levantar un vallado, colocar protectores o eliminar determinados majanos, pero no puede solucionar por sí solo los focos de conejo que se encuentran en carreteras, autovías, vías ferroviarias, taludes, cunetas, zonas de seguridad y otros espacios que actúan como refugio, reproducción y corredores de entrada hacia las explotaciones.
«¿De qué sirve que un agricultor se gaste dinero en cerrar su finca si a pocos metros existe un foco de reproducción desde el que continuamente salen animales? ¿Qué ocurre con el conejo que queda fuera del vallado? Se va a otra finca«, explica la organización.
Por eso, Unión de Uniones considera que la Junta vuelve a errar el tiro al plantear una convocatoria de ayudas para que el agricultor se defienda individualmente de un problema que necesita una actuación territorial.
UNA SOLUCIÓN ESTRUCTURAL, NO OTRA CONVOCATORIA DE AYUDAS
Unión de Uniones de Castilla la Mancha reclama a la Junta que cambie el enfoque y sustituya esta política de parches por una actuación estructural en las zonas realmente afectadas.
La organización plantea:
- Declarar el conejo como plaga agrícola en las zonas realmente afectadas, con criterios objetivos y delimitando territorialmente aquellas áreas donde exista una sobreabundancia acreditada y daños agrícolas graves y reiterados.
- Aplicar métodos de control legalmente autorizados, utilizando las herramientas disponibles y con supervisión y seguimiento de técnicos,de manera que las actuaciones respondan a la realidad de cada zona y permitan comprobar su eficacia.
- Realizar actuaciones localizadas y prioritarias allí donde se encuentran los principales focos de refugio, reproducción y dispersión,en lugar de concentrar la respuesta exclusivamente en las parcelas agrícolas dañadas.
- Dar prioridad acarreteras, autovías, vías ferroviarias, taludes, cunetas, zonas de seguridad y otros espacios que actúan como refugio y corredores de entrada hacia las explotaciones,exigiendo en estos puntos vallados impermeables y correctamente instalados, junto con su mantenimiento permanente para evitar que se conviertan en auténticos focos de entrada y dispersión.
- Establecer un seguro agrario que realmente cubra los daños producidos por el conejo, evitando que franquicias, limitaciones o condiciones de contratación terminen dejando sin una respuesta efectiva a los agricultores que sufren daños reiterados.
- Crear un sistema de compensación de los daños acreditadoscuando estos no puedan ser evitados por el agricultor, especialmente cuando tengan su origen en zonas de refugio, infraestructuras o espacios sobre los que la explotación afectada no tiene capacidad de actuación.
EL AGRICULTOR NO PUEDE SER QUIEN PAGUE PARA PROTEGERSE DE UN PROBLEMA QUE NO HA CREADO
Unión de Uniones de Castilla la Mancha considera que la Administración no puede limitarse a ofrecer al agricultor una ayuda para que financie parte del coste de su propia defensa.
«El agricultor no puede ser quien pague para protegerse de un problema que no ha creado. Si los conejos llegan desde una carretera, una vía férrea, un talud, una zona de seguridad o cualquier otro espacio que está fuera de su explotación, no podemos hacer responsable al agricultor de solucionar aquello sobre lo que no tiene capacidad de actuación».
La organización considera que las ayudas de la Orden 122/2026 evidencian precisamente este problema: se subvenciona al agricultor para que coloque barreras en su explotación, pero no se aborda con la misma contundencia la eliminación de los focos que generan y alimentan la presión sobre los cultivos.
EL PROBLEMA ES ESTRUCTURAL Y LAS MEDIDAS SON COYUNTURALES
Para Unión de Uniones de Castilla-La Mancha, la Junta vuelve a confundir la consecuencia con la causa.
Los daños agrícolas son la consecuencia. El problema de fondo es la existencia de una población de conejo que, en determinadas zonas, ha alcanzado una dimensión incompatible con la actividad agraria.
Por eso, una convocatoria de ayudas para vallados, protectores y eliminación de madrigueras no puede presentarse como la solución al problema.
«El problema es estructural y las medidas son coyunturales. Se está intentando solucionar un problema de población y de territorio actuando sobre la parcela dañada. Es errar el tiro.»
Unión de Uniones de Castilla la Mancha reclama a la Junta que deje de trasladar al agricultor la responsabilidad de defenderse finca a finca y que actúe allí donde realmente está el problema.
Porque no se puede poner puertas al campo, ni tampoco poner una valla delante de cada parcela para intentar contener una población que seguirá desplazándose mientras permanezcan activos sus focos de refugio y reproducción.
«Poner una valla al cultivo mientras se deja intacto el foco que genera el problema no es solucionar el problema: es trasladarlo. Castilla-La Mancha necesita dejar de poner parches y empezar a actuar sobre el origen de los daños».
Y Unión de Uniones de Castilla la Mancha lo tiene claro: «El problema no son los daños. El problema son los conejos. Y si se quiere acabar con los daños, hay que actuar allí donde los conejos se refugian, se reproducen y desde donde vuelven cada campaña a los cultivos».





