La biodiversidad, un término que se refiere a todas y cada una de las especies que cohabitan con nosotros en el planeta, es la base de nuestra forma de vida. Y la alerta actual es que estamos perdiéndola a un ritmo cada vez más acelerado. Por ello, para evitar esta merma y cuidar la salud de nuestro planeta, existen medidas concretas que tratan de invertir la tendencia y proteger diferentes especies en peligro de extinción.

Es el caso de proyectos como el LIFE Paludicola, que tiene como objetivo frenar el descenso de las poblaciones de carricerín cejudo (Acrocephalus paludicola), el ave paseriforme más amenazado de Europa.

Una de sus claves es trabajar en la restauración del hábitat de paso en sus rutas migratorias, principalmente humedales, ya que es una especie en peligro de extinción que necesita un hábitat muy específico para sobrevivir. Y una de esas medidas estrellas para que su hábitat sea idóneo es gestionar la vegetación con técnicas como el pastoreo controlado, en este caso, de ovejas.

Gestionar la vegetación mediante herbívoros es una acción que, además, permite recuperar la gestión tradicional de este tipo de espacio y fomenta la biodiversidad. De hecho, es también beneficioso para la conservación de otras especies de aves palustres amenazadas, como el bigotudo (Panurus biarmicus), la buscarla unicolor (Locustella luscinioides), o el carricerín real (Acrocephalus melanopogon).

Las acciones de conservación del hábitat del carricerín cejudo se centran en tres bloques: gestión de la vegetación, en las que se incluye este pastoreo completado con la siega mecánica, gestión del agua y la gestión del suelo.

Pastoreo en la Marjal dels Moros

En concreto, uno de los humedales en los que se trabaja es la Marjal dels Moros en Valencia, incluida en el proyecto LIFE Paludicola por el que pasan estos carricerines cejudos en su viaje migratorio primaveral desde el sur del Sáhara hasta Centroeuropa. El control del carrizo es fundamental para que el carricerín cejudo encuentre lugares en los que descansar y alimentarse y continuar su viaje de 6.000 kilómetros, esencial para su supervivencia y reproducción.

A finales del año pasado, con la maquina anfibia comprada para este fin con el proyecto LIFE Paludicola, se segó en este humedal una superficie de 6,45 hectáreas. Este verano, durante 19 días entre agosto y septiembre un rebaño de 900 ovejas de los Hermanos Peñaroja, ha pastado una superficie superior a 1,5 hectáreas en esta zona de actuación. Anteriormente, el rebaño había estado pastando en la zona norte de la Marjal, con mayor densidad de rastrojo y menor densidad de vegetación fresca.

El rebaño, además de pastar en el interior del humedal, ha recortado a su paso la vegetación de las orillas de los caminos, principalmente carrizo. Este control de la vegetación arroja resultados positivos, ya que el rebaño encuentra un alimento de calidad en la vegetación que crece tras la siega mecánica. Así, el año que viene se espera que, con la dispersión de semillas realizadas mediante los excrementos de los animales, además de encontrar alimento de calidad, encuentren más variedad de especies pastables.

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