José Manuel Álvarez / Secretario General de Accoe

En la Asamblea General de ACCOE celebrada a finales de noviembre se realizó un interesante debate-coloquio sobre situación y perspectivas del mercado mundial y nacional de cereales, que bien puede servir como resumen de los factores que han condicionado la primera mitad de la campaña y que pueden ser determinantes en lo que queda de ella.

Comenzamos allá por junio con unas perspectivas de cosecha tanto nacional como mundial tan halagüeñas que los precios, ya muy castigados por la situación provocada por la pandemia prolongaron su descenso iniciado en abril. Esto provocó que los ‘agrarios de sofá’ salieran a la palestra lanzando sus mentiras, invectivas e insultos a diestro y siniestro contra los operadores, intentando, con la connivencia de algunas administraciones públicas, alterar las condiciones de un mercado que pronto dio muestras de tensión. ¿Las consecuencias? Los agricultores pensaron que la mejor forma de comercializar su producción era no comercializarla y estuvieron a punto de causar graves disrupciones en el suministro nacional, solventadas por las importaciones. Algunos no son conscientes de que los ‘animalitos’ tienen que comer todos los días y que si no vendes tu producto se tendrán que comprar en otra parte.

A partir de ahí, fueron sucediéndose informaciones desde distintos frentes que han impulsado los precios de forma no vista en los últimos años:

– En el mercado comunitario del trigo, Francia, Reino Unido y Rumanía, han dispuesto de una producción menor. Como contrapartida, la calidad de los trigos internacionales ha sido, por lo general notable, lo que les ha concedido en puertos españoles una ‘prima’ sobre el nacional, más ligero en proteínas, en una campaña muy necesitada de ellas.

– El maíz ha tenido una incidencia más directa en las plazas cerealistas, por dos motivos principales:

  1. El fallo, y ya van siendo unos cuantos, de las proyecciones de producción de organismos como el USDA -y grandes empresas, también- que ‘imaginaron’ las cosechas en lugar de verificarlas, otorgando cantidades a los grandes productores que posteriormente la realidad se encargó de mostrar que eran muy inferiores. Especialmente llamativo es el caso ucraniano al que los primeros aforos le auguraban 36 millones de toneladas para finalmente quedarse en el entorno de 27.

Recordemos que el USDA ‘patinó’ también a la inversa negando a Rusia una buena de cosecha de trigo y rebatiendo durante mucho tiempo la evidencia que les iban proporcionando los agricultores locales. Por cierto, los rumores que desde noviembre resonaron en los mentideros sobre posibles aranceles a la exportación se terminaron por convertir en realidad. El Gobierno ruso anunció la imposición de una tasa a la exportación de cereales de 25 euros por tonelada que estará en vigor desde mediados de febrero hasta finales de junio, en un intento de equilibrar los precios domésticos.

  1. La salida en tromba al mercado a mediados de agosto de China que, bien para restablecer su cabaña porcina, bien para recuperar sus existencias, o una mezcla de ambas circunstancias, ha originado un rally alcista hace tiempo desconocido.

– Al alimón con el maíz, la soja también ha sido presa de la voracidad de la industria de fabricación de piensos del gigante asiático. Esta circunstancia va a tener como consecuencia una disminución de las existencias de final de campaña en EEUU y Brasil, con todas sus implicaciones sobre el resto de commodities. Ya sabemos: cuando la soja se constipa, estornuda hasta el alforfón.

Si damos por bueno que el objeto final de ese amplio volumen de adquisiciones chinas es la reconstrucción de su ganadería porcina e incrementar su producción avícola esto puede acarrear importantes consecuencias a corto y medio plazo para el mercado internacional. La rápida industrialización supondrá incrementar sobremanera las actuales cifras de record de importación, ya que requerirá mucha más proteína, es decir, soja, que en los tiempos anteriores a la peste africana.

Parece que las lluvias han llegado por fin al cono sur aliviando un tanto las señales de alarma y que China se ha tomado un respiro en su demanda. Muy atentos a las noticias meteorológicas que vayan llegando de aquellos lares.

– La cebada nacional ha ido pasando un tanto a hurtadillas quedando en un segundo plano ante las turbulencias.

Si bien en los inicios de campaña el récord de producción, con casi 12 millones de toneladas, llevó a especular incluso con la posible salida a la exportación de cantidades apreciables, la espiral alcista de las cotizaciones y el desconcierto generalizados, junto a la retención practicada por los agricultores, la ha alejado de los focos.

Queda por ver qué va a ocurrir de ahora en adelante, si los agricultores irán escalonando sus ventas o saldrán todos en masa al mercado aprovechando el cambio de año fiscal. En cualquier caso, parece claro que, dadas las circunstancias, tarde o temprano deberá recuperar un papel más relevante en el mercado.