El agua comenzó a cotizar el pasado diciembre en el mercado de futuros de materias primas a través del índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O), basado en un indicador de precios del agua de las principales cuencas fluviales de California (Estados Unidos), que en el último año se ha duplicado por la mayor escasez de ese bien. Y el relator especial de la ONU para el derecho humano del acceso al agua y el saneamiento, Pedro Arrojo, ha alertado de que los futuros del agua pueden llevar al acaparamiento hídrico en las cuencas y poner en serios aprietos a los pequeños regantes.

Frente a los expertos que opinan que los nuevos contratos permitirán una mejor gestión del riesgo futuro vinculado al agua, el relator de la ONU solo ve un signo de especulación en el mercado de los futuros del agua.

ESPECULACIÓN EN LOS PRECIOS EN EL MERCADO DE FUTUROS DEL AGUA

«Los mercados de futuro del agua en la bolsa son el ‘Sancta Sanctorum’ donde se promueven condiciones más favorables para la especulación financiera en torno a productos de básica necesidad», afirma en una entrevista telefónica a Efeagro.

Pone el ejemplo de la crisis de 2008, cuando los precios mundiales de los alimentos básicos se dispararon en pocos meses, algo que Arrojo atribuye a las inversiones de la gran banca.

Si antes en los mercados de futuro participaban productores, distribuidores y comercializadores de esos productos, el relator explica que la situación cambió cuando se permitió la entrada de grandes corporaciones financieras, «que compran los derechos para venderlos más caros y tienen capacidad para deformar el mercado y ponerlo a disposición de movimientos especulativos».

Ayer, el indicador de precios de los futuros del agua en Wall Street cotizaba a 502,58 dólares por «acre-pie», equivalente a 0,40 centavos por metro cúbico (unos 0,33 céntimos de euro).

Según Arrojo, el pequeño regante que paga unos pocos céntimos por metro cúbico de agua en países como España no puede permitirse precios tan altos, algo que sí puede el agronegocio de exportación.

«¿Tenemos entonces que mandar a la ciudad a cientos de miles de familias porque el mercado no reconoce el valor de la articulación del medio rural mediante la explotación familiar agraria?», se pregunta el experto español, profesor emérito de Análisis Económico de la Universidad española de Zaragoza y exdiputado del grupo de izquierda Unidas Podemos.

EL AGUA, UN BIEN COMÚN

Según la ONU, más de 3.000 millones de personas viven en el mundo en zonas agrícolas de gran escasez hídrica y los recursos de agua dulce han descendido más del 20 % en las últimas dos décadas, por lo que hace falta reducir su uso, especialmente en la agricultura, que representa el 60 % de las extracciones.

El relator de Naciones Unidas dice estar preocupado por que «se pretenda consagrar el agua como un bien mercantil» porque «si los derechos humanos se compraran y vendieran, los pobres no tendrían derechos».

Los recursos hídricos se necesitan «para la vida, la salud de una colectividad, el paisaje, la sostenibilidad de los ecosistemas acuáticos y muchas cosas más» que van más allá de su valor en los mercados, que «solo miran los costes a corto plazo».

«La bolsa gestionará la parte que corresponda al negocio, pero no lo que corresponda al agua como cohesión social y soporte de economías vulnerables», enfatiza.

¿UN MERCADO GLOBAL?

Aunque los futuros del agua han surgido en EEUU, cabe la posibilidad de usarlos como referente para el resto del mundo.

«Transformar los elementos y bienes básicos más elementales de la vida en bienes económicos bajo el pretexto de que los hacemos escasos es una amenaza de carácter generalizable», advierte el especialista.

Una cosa es pagar por la recuperación de costes que conlleva, por ejemplo, el mantenimiento del saneamiento del agua y otra distinta, los contratos de cesión de derechos de agua que han funcionado en España, a semejanza de los bancos de agua de California.

Lo que ahora ha empezado a cotizar no es el agua en sí misma, sino los derechos de uso de agua a través de esas concesiones o licencias.

Arrojo, que fue profesor en California, destaca las similitudes de ese estado con España, un país que considera «propicio» para dar un paso más con la introducción de los futuros del agua.

Así, en un hipotético caso, un banco «podría acaparar, haciendo una inversión suficientemente fuerte, las aguas de la cuenca del río Ebro pensando que se pueden vender al área metropolitana de Barcelona e inflar los precios en un mercado especulativo intermediario que no puedan pagar los regantes del Ebro», detalla.

«Empezaríamos a generar una quiebra de las economías más endebles en nombre del interés del especulador», alerta Arrojo, que insta a la sociedad a organizarse para que «nadie se quede sin agua», ya que «los mercados no entienden de eso y los derechos sociales van por delante».

(Texto: Belén Delgado / Efeagro)