Cristóbal Cantos / Ex secretario general de Asaja Andalucía

Llevo unos días dándole vueltas a éste artículo. Todavía tenemos dificultades para el abastecimiento del material de protección; todavía hablamos de estudiar al virus; todavía anunciamos empezar los análisis para conocer la seroprevalencia del Coronavirus. Asimismo, he oído a Mariano Barbacid exteriorizar el lujazo que supone tener a los científicos confinados y a Mónica López Barahona, doctora en Ciencias Químicas, manifestar por la misma razón que “los laboratorios españoles con capacidad de hacer test PCR y test ELISA están inutilizados porque los investigadores, que tienen otras investigaciones patológicas abandonadas, también están confinados”. Señores, sé de sobra, por mi experiencia en el mundo agropecuario, que contamos con laboratorios con técnicos de primer nivel que han mantenido y controlado complicadas enfermedades animales que también pueden aportar su experiencia.

Garamendi, en nombre de CEOE, pide al Gobierno prolongar los ERTE «el tiempo que sea necesario para que las empresas aguanten”; Vicente Boluda, presidente de los empresarios valencianos, indica que “día que retrasemos la actividad económica, aumenta el número de parados y vamos abocados a un auténtico drama”. Los agricultores denuncian que pierden parte de la cosecha porque no pueden contratar directamente, sin la autorización del Servicio Público de Empleo, a la escasa mano de obra disponible.

Por otra parte, la gente pasa angustia, las prometidas ayudas a los ERTES no llegan porque son demasiadas y no ha dado tiempo a despacharlas. La burocracia domina cuando se pretende controlar todo desde unos desbordados recursos administrativos mientras se desatienden, incluso se desprecian, los magníficos recursos humanos y materiales de los que dispone la iniciativa privada. Entre los confinados hay excelentes profesionales y políticos que seguro aconsejarían y echarían una mano a la más simple insinuación. Un buen gestor es aquel que se rodea de los mejores profesionales. ¡Qué ventajas tendríamos si Amancio Ortega se hubiera encargado de las compras y qué tranquilidad haber reconocido entre los asesores de la Moncloa a Felipe González y Aznar, por ejemplo!

Nadie duda que lo primero y fundamental es la salud. Kemper dijo “los cimientos de la libertad son la unidad” y los españoles, con escasísimas excepciones, lo han demostrado con hechos. El presidente del gobierno dice que su deseo de corazón es unir fuerzas y coordinar los esfuerzos como mejor forma de vencer.

Por eso, nadie está legitimado y menos aún los miembros del gobierno a  sugerir, avivar y provocar enfrentamientos y disputas entre derecha e izquierda, entre público y privado, entre monarquía y república, entre empresario y trabajador o entre ricos y pobres,… o todos nos salvamos o todos nos hundimos.

No nos perdamos en disputas falaces porque ahora lo que es preciso es remangarse y, sobre todo, dejar remangarse. Mi padre siempre decía: “Mucho aporta el que no estorba”.