Isabel Martínez / Presidenta de la Asociación Española de la Industria de Panadería, Bollería y Pastelería (ASEMAC)

Cada 16 de octubre celebramos el Día Mundial del Pan, una ocasión para reconocer el valor de un alimento que forma parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra alimentación. Pero también para preguntarnos qué debemos hacer para que el pan recupere el protagonismo que merece en nuestra vida cotidiana.

Durante décadas, su consumo en España ha descendido al tiempo que cambiaban nuestros hábitos, horarios y formas de alimentarnos. Los últimos datos apuntan a una estabilización, pero no podemos conformarnos: necesitamos explicar mejor el valor del pan, su diversidad y el papel que puede desempeñar dentro de una alimentación variada y equilibrada.

El consumidor de hoy no responde a un único perfil. Busca sabor y calidad, pero también conveniencia, transparencia, bienestar y formatos adecuados a distintos momentos del día. Por eso, el reto no consiste solo en hablar de cuánto pan consumimos, sino también de cómo, cuándo y dónde lo disfrutamos. Recuperar consumo exige escuchar, innovar y conectar con las nuevas generaciones.

La industria panadera española lleva años trabajando en esa dirección. La variedad de panes, las elaboraciones con masa madre, las opciones integrales, los cereales y semillas, las nuevas formulaciones y los diferentes formatos muestran una oferta capaz de evolucionar sin perder su identidad. Tradición e innovación no son conceptos enfrentados: la innovación permite preservar el valor de nuestros productos y adaptarlos a las necesidades actuales.

Y la innovación va mucho más allá de las recetas. La automatización, la digitalización, la eficiencia energética, las tecnologías de frío y la mejora de la logística permiten planificar mejor, garantizar la seguridad alimentaria, reducir pérdidas y acercar el horneado al momento de consumo. La tecnología contribuye así a que el consumidor encuentre productos de calidad, seguros y disponibles en diferentes canales.

Detrás de cada pieza de pan hay, además, una cadena que comienza en el campo y continúa por el almacenamiento, la industria harinera, la panificación y la distribución. La calidad y trazabilidad de las materias primas, la regularidad del suministro y la colaboración entre todos sus eslabones son imprescindibles para responder a las expectativas del mercado.

Desde ASEMAC representamos a una industria con una extraordinaria capacidad de adaptación, que supera los 2.000 millones de euros de facturación anual en el ámbito de las masas congeladas y que continúa invirtiendo en innovación, sostenibilidad y mejora de sus procesos. Sin embargo, esa fortaleza no significa que estemos libres de dificultades.

Las empresas afrontan simultáneamente la volatilidad de las materias primas, el encarecimiento y la incertidumbre de los costes energéticos y logísticos, las dificultades para encontrar profesionales cualificados y el absentismo laboral, que afecta a la organización y a la productividad. A ello se suman la incertidumbre geopolítica y una creciente complejidad regulatoria que dificultan la planificación y condicionan las inversiones.

Nuestro sector comparte los objetivos de una producción cada vez más sostenible y una alimentación de calidad. Lo que necesita es un marco normativo proporcionado, previsible, basado en evidencia científica y con plazos realistas para adaptarse. La seguridad jurídica y la unidad de mercado son esenciales para seguir invirtiendo. Porque sostenibilidad y competitividad deben avanzar juntas: solo una industria competitiva puede innovar, generar empleo y afrontar con garantías los retos del futuro.

Pero el futuro del pan también depende de nuestra capacidad para acercarlo a la sociedad. Iniciativas como «Al pan, pan», celebrada de nuevo este año en Madrid junto al Ayuntamiento, a través de 21 DISTRITOS, nos recuerdan el interés que despierta conocer sus ingredientes, su elaboración y el trabajo de los profesionales. Ver a niños y adultos amasar y descubrir lo que hay detrás de un alimento tan cotidiano demuestra que todavía tenemos mucho que contar.

Necesitamos, por tanto, la implicación de toda la cadena, de las administraciones, de los profesionales y de los consumidores para ofrecer información rigurosa, comprensible y alejada de prejuicios. No basta con elaborar buenos productos: también debemos saber explicar su calidad, su seguridad y el esfuerzo que los hace posibles.

En este Día Mundial del Pan quiero invitar a todos a volver a mirar el pan con el interés y el reconocimiento que merece. Valoremos a quienes lo hacen posible y sigamos construyendo juntos el futuro de un alimento que lleva miles de años acompañándonos y que todavía tiene mucho que ofrecer.

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