José María Molina / Ganadero y miembro de la Junta Directiva de Asaja Córdoba
El cerdo ibérico se juega en estos meses su futuro y Asaja Córdoba, que ha sido referente nacional en su defensa, permanece al margen del debate. Ya existe un primer acuerdo en la interprofesional ASICI para modificar la Norma de Calidad del Cerdo Ibérico, en temas tan importantes como la edad o los requisitos de cada una de las categorías de cebo, cebo de campo y bellota. Sin embargo, mientras avanzan las negociaciones, el presidente de Asaja Córdoba, Fernando Adell, lleva más de un año sin convocar a la sectorial del ibérico y tampoco ha sometido a la Junta Directiva la posición que debería defender nuestra organización.
Más aún, en los boletines que Asaja Córdoba envía a todos los socios ni siquiera ha aparecido una sola mención a los cambios en marcha y para muchos ganaderos este artículo será la primera noticia de que están en juego sus producciones de cerdo ibérico si no se negocia un texto equilibrado.
Asaja Córdoba desempeñó un papel decisivo en 2014 cuando se acordó la vigente norma de calidad, que ha dado al sector doce años de estabilidad y subida de precios de venta. En esos años yo presidí tanto la sectorial nacional de ibérico de Asaja como la interprofesional ASICI y se incorporaron a la norma buena parte de los acuerdos de nuestros ganaderos en la sectorial de ibérico de Córdoba, que se reunió varias veces al año durante la dura negociación previa a la aprobación de la norma de calidad.
Doce años después, ¿cómo es posible que ni siquiera se nos consulte? ¿A quién representa Asaja Córdoba si no escucha a sus propios ganaderos? Tampoco hemos recibido una explicación convincente de por qué la organización no se ha sumado al recurso de la DOP Los Pedroches contra el pliego de condiciones de la DOP Guijuelo. Merecemos una respuesta.
Este silencio refleja a la perfección la pérdida de iniciativa reivindicativa de nuestra organización que venimos denunciando no pocos socios en los últimos meses. Me duele especialmente porque conocí otra Asaja: la que, con Ignacio Fernández de Mesa y un magnífico equipo profesional, era respetada dentro y fuera de Córdoba.
El pasado 14 de enero se lo dije personalmente al Sr. Adell en la Junta Directiva. Reconocí expresamente la legitimidad de su elección, pero le advertí de que la legalidad de un cargo no equivale a conservar la confianza de quienes lo respaldaron. Propuse una votación indicativa, sin efectos jurídicos, para conocer su respaldo real en la Junta. Se negó. También le pedí que reflexionara y dimitiera para permitir que los socios decidieran en unas nuevas elecciones. Su respuesta fue que no pensaba hacerlo.
Le recordé que yo mismo, cuando perdí la confianza para presidir la sectorial nacional del ibérico de Asaja, opté por apartarme porque siempre he tenido meridianamente claro que las organizaciones están por encima de las personas. Lo mismo reiteré hace varias semanas en la Junta del 28 de septiembre: no podemos dedicar nuestras energías a disputas internas mientras los problemas del campo siguen esperando respuestas.
Desde entonces, la situación ha empeorado y vivimos un escenario de abandono inexplicable. Hay que recordar aquí que al deterioro de la imagen de Asaja Córdoba por su ausencia de pulso reivindicativo se suma que ya han dimitido cinco de los nueve integrantes del comité ejecutivo.
A ello se suman la falta de información a los socios, burofaxes sin respuesta satisfactoria, subidas de cuotas cuestionadas, conflictos laborales judicializados y juntas directivas que no se convocan regularmente. ¿Cómo es posible que esté pasando esto en una organización que ha sido un referente en Córdoba y a nivel nacional? Entre abril y septiembre transcurrieron casi seis meses sin convocar a la junta directiva; en la del 28 de septiembre, además, el presidente no permitió agotar las preguntas que queríamos formularle, también rechazó abordar la petición de una asamblea extraordinaria para debatir su gestión y abrir un nuevo proceso electoral. ¿Cómo puede agarrarse uno a un sillón cuando casi todos los que le apoyaron le dicen que se vaya? ¿Cómo puede negarse a votar lo que mayoritariamente le pide la junta directiva que lo hizo presidente? ¿Cómo se puede actuar así en una organización que debe regirse por principios democráticos?
No podemos seguir así. Fernando Adell debe presentar su dimisión, facilitar una asamblea extraordinaria y convocar elecciones para devolver la palabra a los socios. Asaja Córdoba necesita volver a defender al campo, no a una presidencia.





