La organización agraria UPA denuncia que miles de apicultores afrontan una situación límite por la caída de las cosechas, la elevada mortalidad de las colmenas y el aumento de los costes de producción. «No podemos permitir que desaparezca la apicultura familiar por falta de rentabilidad y de apoyo institucional», afirman, a la vez que advierten de que son necesarias ayudas urgentes para evitar el cierre de las explotaciones familiares.
La campaña apícola de 2026 está dejando un balance muy negativo en buena parte de España. Por ello, numerosas explotaciones están al borde del abandono. La UPA ha explicado que la combinación de malas condiciones climáticas, sequía, falta de floración, enfermedades, presión de depredadores y encarecimiento de los costes está provocando pérdidas de producción de entre el 35 % y el 80 % según los territorios. Una situación que, en muchos casos, hace imposible cubrir los costes de producción y obliga a los apicultores a plantearse el cierre de sus explotaciones.
El diagnóstico realizado por UPA en ocho territorios confirma la gravedad de la situación. Las caídas de producción alcanzan el 50-80 % en las zonas más afectadas de Andalucía, se sitúan alrededor del 50 % en Aragón y Castilla y León y llegan al 50-60 % en Castilla-La Mancha. En Extremadura, la apicultura trashumante calcula una reducción cercana al 40 %, mientras que La Rioja estima un descenso del 35 %. Galicia ha conseguido salvar la campaña, aunque también registra una merma del 50 % respecto a sus rendimientos habituales. A este desplome de las cosechas se suma una mortalidad de colmenas que se sitúa entre el 20 % y el 35 % en buena parte de los territorios analizados.
LAS EXPLOTACIONES FAMILIARES, LAS MÁS VULNERABLES
UPA advierte de que las consecuencias de esta situación van mucho más allá de una mala cosecha. El problema es que las explotaciones llegan a esta campaña después de varios años de dificultades y con unos márgenes económicos cada vez más estrechos. En muchas zonas, producir miel cuesta más que nunca, mientras que los precios percibidos por los apicultores no compensan el incremento de los gastos ni la pérdida de producción.
El gasóleo, especialmente importante para las explotaciones trashumantes, los materiales, los equipos y la alimentación suplementaria de las abejas han encarecido notablemente la actividad. La falta de floración obliga a los apicultores a alimentar artificialmente las colmenas durante periodos prolongados, con un impacto directo sobre sus cuentas. En las zonas más afectadas de Cádiz, por ejemplo, algunas colmenas han pasado de producir entre 20 y 25 kilos de miel al año a cosechas de apenas 3 a 7 kilos, cantidades que no permiten cubrir los costes.
La consecuencia es una pérdida progresiva del tejido productivo. Las explotaciones pequeñas están abandonando la actividad en territorios como Castilla y León, Andalucía y Castilla-La Mancha. En esta última comunidad, las organizaciones del sector alertan de que cada año dos o tres explotaciones profesionales desaparecen por falta de viabilidad económica en asociaciones de tamaño medio. Las explotaciones medianas tampoco escapan a esta realidad: algunos titulares se ven obligados a buscar un segundo empleo para completar sus ingresos.
“Estamos ante un problema de supervivencia de la apicultura familiar. No podemos resignarnos a que quienes llevan toda una vida cuidando sus colmenas y produciendo alimentos de calidad tengan que abandonar porque los números ya no salen. Si no se actúa ahora, perderemos explotaciones, empleo, actividad económica y una actividad imprescindible para la biodiversidad y el equilibrio de nuestros ecosistemas”, advierten desde UPA.
UN CÚMULO DE AMENAZAS QUE EXIGE RESPUESTAS
A las adversidades meteorológicas se añaden problemas sanitarios y medioambientales cada vez más difíciles de controlar. La sequía y las altas temperaturas alteran los calendarios de floración, reducen la disponibilidad de néctar y polen y debilitan las colonias. Esta situación agrava los efectos de la varroa, cuya incidencia aumenta cuando las abejas llegan debilitadas y desnutridas, mientras que los tratamientos sanitarios tradicionales están perdiendo eficacia en algunas zonas.
La presión de la fauna depredadora constituye otro problema creciente. El abejaruco dificulta tanto la actividad de pecoreo –recolección de néctar– como la fecundación de las reinas. También preocupan la expansión del avispón oriental y la avispa asiática, así como los daños provocados por otras especies, como el oso y el tejón. La expansión del avispón oriental está causando estragos en los colmenares, mientras que en Galicia la velutina continúa ampliando su presencia hacia zonas de mayor altitud y prolongando su periodo de actividad.
UPA considera necesario reforzar la investigación, la prevención y la actuación coordinada de las administraciones para hacer frente a estas amenazas, así como mejorar los seguros agrarios para que respondan a los nuevos patrones climáticos y a los riesgos reales que soportan las explotaciones.
Ante este escenario, UPA reclama a las administraciones un paquete de medidas urgentes que permita mantener la actividad y evitar que las explotaciones familiares desaparezcan. La organización considera que «las ayudas existentes no están dando una respuesta suficiente a la magnitud de las pérdidas y que es imprescindible reconocer las particularidades de la apicultura, especialmente de las explotaciones pequeñas y medianas y de la apicultura trashumante».
¿QUÉ PIDE UPA PARA AYUDAR A LA APICULTURA FAMILIAR?
- Ayudas directas y extraordinarias para las explotaciones que hayan sufrido pérdidas graves de producción y mortalidad de colmenas, con criterios adaptados a las distintas realidades territoriales y modelos productivos.
- Una ayuda específica por colmena en la futura PAC, mediante una ayuda asociada que reconozca la importancia económica, ambiental y territorial de la apicultura y contribuya a garantizar su rentabilidad.
- Acceso al gasóleo profesional y a las ayudas destinadas al conjunto del sector agrario y ganadero para los apicultores, especialmente los trashumantes, que soportan elevados costes de desplazamiento para trasladar sus colmenas.
- Refuerzo de las ayudas a la alimentación suplementaria, para compensar los gastos extraordinarios derivados de la falta de floración y la escasez de recursos naturales.
- Mejora de los seguros agrarios, adaptándolos a las nuevas condiciones climáticas, la mortalidad de las colonias y los riesgos sanitarios y medioambientales.
- Un plan coordinado de prevención y control de las especies depredadoras, con protocolos eficaces frente a la avispa asiática, el avispón oriental y otros problemas de fauna que afectan a los asentamientos.
- Apoyo a la modernización y adaptación de las explotaciones, con ayudas que tengan en cuenta el incremento real de los costes de maquinaria, transporte, materiales y equipos.
- Medidas para favorecer el relevo generacional, evitando que las explotaciones familiares desaparezcan cuando sus titulares se jubilan por no encontrar continuidad ni perspectivas económicas.
LA APICULTURA DEBE RECIBIR AYUDAS AL GASÓLEO PROFESIONAL
UPA pone también el foco en la situación de la apicultura trashumante, que sufre una discriminación especialmente preocupante. La organización denuncia que estos profesionales quedan fuera de diferentes líneas de apoyo, como las bonificaciones al gasóleo, determinadas ayudas por daños de borrascas e incendios o los planes de renovación de maquinaria, a pesar de que su actividad requiere importantes desplazamientos y unas inversiones muy elevadas. Para UPA, resulta imprescindible acabar con estas exclusiones y reconocer plenamente la actividad apícola dentro de las políticas de apoyo al sector agrario.
Por último, la organización reclama mayor transparencia en el mercado de la miel y un etiquetado de origen claro que permita a los consumidores distinguir la miel producida en España de la importada. UPA denuncia que los apicultores nacionales soportan unos costes de producción cada vez mayores mientras compiten con mieles y siropes de terceros países que llegan al mercado a precios muy bajos. Defender la producción nacional exige garantizar unas condiciones de competencia justas y reforzar los mecanismos de control.
UPA recuerda que la apicultura desempeña una función esencial para la polinización, la biodiversidad, el mantenimiento de los ecosistemas y la actividad económica de las zonas rurales. Su desaparición tendría consecuencias que van mucho más allá de la producción de miel. “Apoyar a los apicultores familiares no es solo ayudar a un sector ganadero: es defender el medio rural, la biodiversidad y la soberanía alimentaria. Las administraciones tienen que actuar antes de que sea demasiado tarde”, han concluido






