COAG-Castilla y León ha observado que explotaciones de hortalizas pertenecientes al grupo de las cucurbitáceas, como la calabaza, las más dependientes de insectos polinizadores, están  sufriendo caídas productivas en esta CC.AA. Todo indica que la raíz del problema es esta falta de polinización aunque los laboratorios dicen que “no existe un análisis tipo para determinar” el hecho.

Una explotación de calabazas de Zamora  ha visto reducida su cosecha a la mitad; otra de Burgos ha colocado colmenas en la propia huerta y un horticultor de Valladolid, también afiliado a COAG-CyL como los dos anteriores, lo tiene claro: “El año que veo abejas  en las flores de la calabaza produzco un 25 por ciento más”.

A pesar de todo, España es la primera productora europea de calabazas con 115.000 toneladas en 2018, de las que 7.500 toneladas han sido producidas en Castilla y León. La cucurbitácea hace su agosto en noviembre por la celebración de la noche de Halloween, cuando se produce su pico de ventas.

Felipe Paz Rodríguez, horticultor de El Piñero (Zamora) y afiliado a COAG-CyL, comprobó hace algún tiempo que su explotación de calabaza, 20 hectáreas, entraba en un creciente declive. Cada año producía menos, hasta que en las últimas campañas la cosecha llegó a ser la mitad de la que fue. Hoy, sus hijos, Felipe ya está jubilado, solo siembran 4 hectáreas y se plantean orientar la explotación al cultivo de colza.

Felipe venía notando que el ejército de abejas que antes revoloteaba sobre las flores amarillas de las calabazas cada día llegaba menos nutrido, hasta que un día dejó de llegar. Y le dio en la nariz que aquello tendría que ver con la merma de su cosecha. Agarró varias plantas y se fue al Centro Regional de Diagnóstico de Aldearrubia, el Laboratorio Oficial de Sanidad Vegetal de Castilla y León. “Allí me dijeron que sí, que era posible que la causa fuera la falta de polinización”, afirma Felipe Paz.

A falta de ciencia, experiencia: “El año que veo abejas en las flores de las calabazas produzco un 25 por ciento más”

Pero oficiosamente, porque el laboratorio “solo estudia patógenos”, o sea, agentes que puedan producir enfermedades en las plantas, (virus, hongos, bacterias…) informa a COAG-CyL el responsable del centro, José Luis Palomo. Por tanto, no estudia la incidencia de la polinización en las plantas. Es más, José Luis  Palomo asegura desconocer “si existe un análisis tipo para determinar los grados de polinización”.

Extremo que confirma a COAG-CyL Carmen Asensio, jefa de Cultivos Herbáceos de ITACyL, quien asegura que “no hay ningún análisis oficial que discrimine la falta de polinización de otros problemas que pudieran también incidir en el menor desarrollo de la planta”.

A falta de ciencia, experiencia. Moisés Tascón, horticultor de Puente Duero, (Va­lla­dolid) afiliado a COAG-CyL y productor de calabaza, no tiene ninguna duda. “El año que veo abejas en las flores de las calabazas produzco un 25 por ciento más”. Por tanto, el año que no hay abejas, la cosecha cae un cuarto. “Yo puse la venda antes que la herida. Coloqué un grupo de colmenas en el centro de la explotación y ahora no tengo problemas con la cosecha”, nos comenta José Miguel Diego, horticultor de calabaza de la Merindad de Valdivielso (Burgos), e igualmente afiliado a COAG-CyL.

Por todo ello, COAG-CyL previene de que algunas explotaciones de  hortalizas, concretamente de calabazas, en Castilla y León pueden estar sufriendo los rigores de la falta de polinización y por tanto, caídas de producción. En tanto que Carmen Asensio, del ITACYL, afirma que sí sería posible realizar ensayos para comprobar el nivel de polen en las plantas, COAG-CyL pide a la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural que se realicen tales ensayos para orientar a los productores sobre las medidas que podrían tomarse para solventar el problema.

En Castilla y León, en 2018 se sembraron 302 hectáreas de calabaza, con una producción de 7.479 toneladas, fundamentalmente de la variedad “cabello de ángel”. En 2017 fueron, respectivamente, 358 hectáreas y 8.927 toneladas.

Varios informes advierten de la paulatina desaparición de las abejas. Greenpeace asegura que “en los últimos años se ha constatado un importante declive de insectos polinizadores, un problema preocupante pues de ellos depende el 70% de los principales cultivos españoles”.  Y de estos cultivos, los más sensibles de todos, los que estarían englobados en el primer grupo de dependencia de la polinización, el denominado “Esencial”, están las cucurbitáceas,  calabazas, entre otras.

A pesar de todo, España es la primera productora europea de calabaza según Eurostat, con 115.000 toneladas producidas en 2018. La cucurbitácea hace su agosto en noviembre por la celebración de la noche de Halloween, cuando se produce su pico de ventas. Varias empresas del levante español como la murciana Kernel o la valenciana Florfruits ponen en el mercado, todos los años por estas fechas, millones de ejemplares de la calabaza americana, la más carnosa, la más fácil de tallar, la calabaza de Halloween.

(Fotos: Archivo)