Hace un año, los agricultores franceses bloquearon durante tres días la N165 en Arzal (Morbihan) convirtiendo esta acción en un símbolo de su lucha agraria. Sin embargo, la realidad es mucho más dura. Ese mito creado de que esas protestas lograban paralizar medio país y convencer con su movilización no sólo al Gobierno galo sino a la sociedad de la necesidad de revolver sus problemas… ha quedado en nada. Un año después, reconocen que siguen vendiendo a pérdidas y la lluvia de millones que desbloqueó el Ejecutivo francés se ha convertido «en una gota en un vaso de agua».

Según recoge ouest-france.fr, poco ha cambiado para los agricultores y ganaderos que lograron sacar a la calle un centenar de tractores, cientos de personas y quemar neumáticos para impedir el tráfico en esta zona de Francia. Como se señala en el reportaje, ahora se quejan de que, pese a las movilizaciones, «seguimos teniendo que hacer un llamamiento a la transparencia sobre el origen de los productos vendidos. Los ‘Made in France’ que son  productos transformados no significan nada y engaña al consumidor. Un postre lácteo ‘made in France’ muy bien puede haber utilizado leche que no es el francesa», a la vez que ponen el punto de mira en el «vino francés elaborado con vino español».

Pese a todo, también ven que hay un lado positivo, especialmente porque han creado una verdadera sensibilización en los consumidores. «Ahora cuando se va a comprar existe un acto ciudadano, ya que puede ahora optar por comer francés». Asimismo, también se valora que se hayan reducido las cotizaciones sociales y una reducción de las cargas financieras, así como un alivio de la presión ambiental».

Quizás poco para tanta protesta. Tanta que llegaron a hacer creer que podían ganar la batalla. Pero no lo hicieron.

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