José Luis Marcos / Presidente de ASAJA-Palencia

Escribió Ramón J. Sender que «la conciencia del peligro es ya la mitad de la seguridad y de la salvación». El autor de la célebre novela Réquiem por un campesino español recuerda, con esa frase, algo que conocemos bien todos los agricultores y ganaderos: ese presentimiento casi continuo que notamos los profesionales del campo de los riesgos que afectan a nuestra labor, tanto da que sean el pedrisco o la sequía en los cultivos, como las enfermedades del ganado o el ataque del lobo. Si todo emprendedor carga consigo esa mochila profesional marcada por el riesgo, los emprendedores del campo llevamos con ese equipaje casi adherido a nuestra piel.

Pero hoy quisiera reflexionar sobre la otra mitad de la seguridad y la salvación, la mitad que va más allá de la mera «conciencia del peligro» que, en mi opinión, ya está sobrada y profundamente arraigada en la mente del campesino… por tradición, claro que sí, pero también porque los nuevos peligros que acuden al sector agropecuario: la burocratización de la actividad, la merma de libertad para ejercerla, las cortapisas presuntamente ecológicas… incluso la demonización de ciertas prácticas y especies. ¡Si hasta comer carne se ha denunciado como costumbre que merece desterrarse! Conscientes de los peligros de ayer y de hoy, a los agricultores y ganaderos nos corresponde poner medidas para conquistar terrenos en esa «otra mitad» y así dar seguridad a nuestras explotaciones,  garantizarnos su salvación.

‘GEMELOS’ CON AGRAVANTES

La sucesión de dos años consecutivos de sequía —2022 y 2023—, esos gemelos tan temidos por las personas que vivimos del campo, va a constituir, de hecho, una prueba de fuego para la pervivencia de muchas de explotaciones agroganaderas, para su seguridad y salvación, por seguir con los términos usados por Sender. A ese bienio de sequía además se han unido otros factores agravantes, que van desde los elevados costes de sementera al descenso de los precios de venta de la escasa producción que se recogerá, pasando por la implantación de una nueva PAC 2023-2027 que, lejos de simplificar, dar libertad y allanar caminos, se presenta como otro nuevo marco restrictivo para el campo.

La anterior sequía tampoco está tan lejos para olvidarla. Se produjo en 2017, así que hemos padecido tres graves sequías en España en el plazo de solo siete años, una cadencia que está llevando también al consorcio de los seguros agrarios, Agroseguro, a replantearse sus modelos.

Y a ese destino quería llegar esta reflexión: a la necesidad de contar con el seguro como un elemento indispensable en la tabla de costes de cualquier explotación agropecuaria, para poder recorrer —al menos, en parte— esa mitad del camino que reduce los riesgos de los que somos tan conscientes. Me atrevería a decir que no queda otra, que es algo cada vez más obligado, lo que este siniestro 2023, por desgracia, no ha hecho sino corroborar.

De nuestra mano quedan dos señas de identidad de ASAJA: procurar al profesional agroganadero los seguros que mejor se adapten a su perfil y reivindicar, ante Agroseguro y ante las administraciones públicas, pólizas y cofinanciación que ayuden a un sector indispensable para que el campesino español no tenga que rezarle el réquiem a su querida explotación.