José Manuel de las Heras Cabañas / Coordinador estatal de Unión de Uniones

Cuando en el calendario quedan ya pocas hojas echa uno la vista atrás y la verdad es que 2021 ha sido un año maldito. Al deprimente escenario general de una pandemia, con una actividad económica mantenida al ralentí, se le han unido sucesos extraordinarios como el volcán de La Palma que, tocando directamente a nuestros hermanos canarios, la verdad es que nos ha dado mucho bajón a todos. Ojalá las ayudas anunciadas a bombo y platillo les lleguen de verdad y no les pase como a los afectados por Filomena.

Una tormenta.

Porque 2021 ya dejó ver la patita a principios de año sepultando bajo un manto blanco las expectativas económicas de miles de explotaciones y destruyendo las infraestructuras e instalaciones en nuestras granjas ganaderas. Los apoyos de las Administraciones fueron pocos, apenas nada, excusándose en un seguro agrario que, en este caso, no ha respondido como debiera y que, para algunos de los cultivos más dañados como el olivar, ni siquiera cuenta con una línea que tenga atractivo para los agricultores. Era ya julio y en la puerta del Ministerio en Atocha, el día que estaban allí el Ministro y los Consejeros de todos las Comunidades Autónomas, se plantó Unión de Uniones para reclamar la intervención de todos tanto en este asunto como en la complicada situación de los mercados vitivinícolas.

Dos crisis

A partir de ahí, se recrudeció una primera crisis provocada por el encarecimiento de la electricidad, que ha ido a más a medida que pasaban los meses y que ha contagiado al gasóleo agrícola, a los piensos y los fertilizantes; es decir, a más de las dos terceras partes de los inputs que necesitamos los agricultores y ganaderos. Como una fiebre que revela la infección subyacente, la otra crisis, la que angustia a los ganaderos de vacuno de leche ha brotado en forma de manifestaciones y concentraciones para manifestar el agotamiento económico de todo un sector. Un sector asfixiado por unos costes de producción que no paran de subir y una industria y una gran distribución que ejercen implacablemente su posición de dominio en los mercados e imponen unos precios que no remuneran en absoluto el inestimable trabajo que realizamos. Porque no lo olvidemos, nos dedicamos a producir alimentos.

Unión de Uniones ha presentado al Ministerio un paquete de propuestas que, sin atajar del todo el problema, si podría contribuir a aliviarlo. Medidas fiscales, sobre todo, pero también alguna otra como la puesta en marcha del contrato de doble tarifa para el regadío. Un compromiso que, por cierto, el Gobierno estaba obligado a desarrollar este año gracias a una enmienda de Unión de Uniones en la Ley de Presupuestos y por cuyo incumplimiento lo hemos llevado a los Tribunales.

Decepción 1: la ley de la cadena alimentaria cierra en falso.

Ni que decir tiene que, si la Ley de la Cadena Alimentaria se respetase y nuestras producciones se pagasen por encima de lo que cuesta producirlas, estas crisis no tendrían por qué haber saltado. Pero la Ley de la Cadena, y sus reformas posteriores incluyendo ésta más reciente, han sido una gran decepción. Unión de Uniones ha tenido un maratón de reuniones a lo largo de estos casi dos años con todos los grupos parlamentarios tanto en Congreso como en Senado y ha planteado enmiendas que creemos que habría contribuido a dotar a la Ley de mejores herramientas para hacer que se cumpliera. Conseguimos, al menos, que los agricultores y ganaderos no se vieran obligados por ley a firmar contratos en falsos cuando no tienen capacidad de negociar sus precios. Pero, en nuestra opinión, la Ley ha salido con deficiencias importantes. La cacareada aprobación de la venta a pérdidas –que se ha vendido como el mayor logro de la Ley- es un sofisma, algo que aparentemente es verdad pero que dista mucho de serlo, porque condiciona su consideración como práctica desleal perseguible a lo que diga la Ley de Comercio Minorista… o sea, lo mismo que ya existía.

Por el contrario, no ha entrado en el texto ni la definición de posición de dominio en el mercado, para poder sancionar los abusos que se hagan desde ella; ni tampoco la prohibición a todos los operadores de la cadena posterior a la producción de vender por debajo del precio de adquisición, que es lo que realmente traslada hacia abajo, hasta el productor, las tensiones bajistas de precios. Al margen de ello, la Ley, a juicio de Unión de Uniones, ha traspuesto mal la Directiva Europea, en cuanto al ámbito de aplicación, dejando fuera a determinados agentes y operaciones que la norma europea no excluye. Consecuencia: nuestra organización ha presentado una denuncia a la Comisión Europea para que se pronuncie sobre ello.

Decepción 2: La PAC no será para los profesionales

La segunda decepción que nos hemos llevado en 2021 ha sido el recule del Ministro Planas en el enfoque del Plan Estratégico de la PAC en cuanto a los agricultores y ganaderos profesionales. Durante un tiempo, tuvimos la percepción de que desde el Ministerio de Agricultura se apostaba, esta vez sí, por orientar la PAC en favor de quienes fundamentalmente viven del trabajo en su explotación. Coincidía así con las propuestas en las que, durante dos años, Unión de Uniones ha venido insistiendo en los numerosos documentos que la organización ha remitido tanto al Ministerio como a las Consejerías de las Comunidades Autónomas. Pero en la última fase, el Ministro ha usado la coartada del «consenso» para plantear una definición de agricultor activo beneficiario de las ayudas PAC que va a corregir poco o muy poco los actuales desequilibrios en el reparto de ayudas y deja al Plan sin margen para compensar a los profesionales de los perjuicios que les van a ocasionar algunos de sus mecanismos, como la convergencia o el recorte en el presupuesto de la ayuda básica. Nuevamente Unión de Uniones acudió entonces, en septiembre, a manifestarse a Madrid bajo la ventana del despacho de Planas a defender al profesional.

Decepción 3: el campo sigue sin poder elegir a sus representantes

En aquella movilización también teníamos en la tabla una Ley de la Cadena Alimentaria justa y, lo que ha supuesto la tercera gran decepción de este año, la reivindicación de una Democracia para el campo que nunca llega por la sucesión de unos Ministros y Ministra medrosos frente a ASAJA, UPA y COAG, organizaciones que disfrutan hoy de una interlocución privilegiada institucional, mediática y económicamente, que no se han ganado en las urnas. Luís Planas, tras más de tres años de Ministro y varias iniciativas parlamentarias instándole a resolver la asignatura pendiente de la determinación de la representación de los agricultores y ganaderos, se descuelgó en septiembre con una consulta pública de un papelito de tres hojas en el que dice que quiere abrir al respecto una «reflexión sosegada» para asegurar «el máximo consenso social y político posible». O sea… transcurridos siete años y medio desde la entrada en vigor de ley que debería haber convocado elecciones en el campo, Planas vuelve a poner la ficha a la casilla de salida. Sonaría a chanza, si no fuera porque se está hablando de algo para nosotros tan serio como el derecho de agricultores y ganaderos a elegir a quienes les representan.

… y el corral lleno de lobos.

La verdad es que uno no sabe que es peor, si los Ministros como Planas que rehúyen los problemas,  o los que directamente los crean donde no los hay; y de estos, para nuestra desgracia, tenemos unos cuantos en este Gobierno. Nos han metido los lobos en el corral. Y nunca mejor dicho en el caso de Teresa Ribera, Ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que se ha enlodazado con una orden que prohíbe la caza para controlar las poblaciones del lobo al norte del Duero, en contra de todos los ganaderos que cada día sufren los ataques y de todas las Consejerías afectadas por la decisión. En esta batalla del sentido común contra el dogmatismo ideológico aún no está todo dicho, pero no es la única que está teniendo que luchar el sector.

Desde el Ministerio de Trabajo, Yolanda Díaz parece haberla tomado también con los agricultores, que hemos estado recibiendo cartas amenazantes y sufriendo inspecciones en plena campaña con medios dignos de cualquier película de narcos. Ya lo demostró Unión de Uniones con datos del propio Ministerio: el sector agrario por el número y volumen de incumplimientos no es, ni mucho menos, el más incumplidor en materia laboral, pero van a por nosotros como si, quienes damos empleo en el campo, fuésemos un nicho de esclavistas. No es cierto, pero esta Ministra solo presta atención a los agricultores para criminalizarnos. Con esta visión, habrá que estar muy atentos a como sale la Reforma Laboral que ahora están negociando, o eso dicen.

También yerra el tiro el Ministro de Consumo, Garzón, que ha emprendido sus particulares cruzadas, igualmente ideológicas, contra nuestra ganadería y nuestro sector cárnico y contra el azúcar, vilipendiando su consumo; y que está emperrado en implantar en España un sistema de etiquetado según el cual nuestro aceite de oliva virgen extra es menos saludable que los refrescos de cola cero. Para lo poco que hace, la pifia.

Pese a todo… aquí seguimos.

Cerramos el año con la noticia de que, la primera estimación del MAPA para 2021, la renta agraria por unidad de trabajo/año (UTA) ha bajado un 4,6%. Siempre hemos dicho que estas macromagnitudes estadísticas no reflejan en absoluto la realidad de los profesionales del campo. Lo dijimos el año pasado, cuando el Ministerio cifró ¡oiga usted, ni más ni menos, en el año de la pandemia! un aumento de la renta por UTA de casi el 14%, Y lo seguimos diciendo ahora, porque para los profesionales estos datos no sirven. En España hay mucha gente que produce, alrededor de 1.000.000. También hay muchos que cobran ayudas de la PAC, más de 664.000… pero de los profesionales que vivimos de esto y cotizamos a la seguridad social, sólo estamos 260.000. Somos los que más padecemos los daños de las tormentas y los volcanes; los que peor parados salimos de las malas legislaciones; los más perjudicados por los errores en la política agraria y los que sufrimos en mayor medida a los ministros ineptos.

Y pese a todo, aún este año el fruto de nuestro esfuerzo de todo este año maldito va a estar estas estos días en las mesas de millones de familias, ayudando a celebrar y a confiar en un 2022 mucho mejor. Felices fiestas a todos.

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