Lola Merino / Presidenta Nacional de AMFAR

Este 19 de noviembre es el Día Internacional de la Mujer Emprendedora y como presidenta de AMFAR-Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural quiero poner el acento en las emprendedoras rurales.

En un día como hoy, debemos reconocer la valentía, el talento y la fortaleza de tantas mujeres rurales que han dado el paso para liderar su negocio en el pueblo que las vio nacer y de aquellas que abandonaron la ciudad para apostar por el campo. Tanto unas como otras, son claves para frenar uno de los grandes retos que debemos afrontar en este siglo XXI: la despoblación.

El 85% del territorio español es rural y en él vive un escaso 20% de la población total nacional, con escasa presencia de mujeres y jóvenes.

En AMFAR somos conscientes de que las mujeres son esenciales para el mantenimiento y el desarrollo sostenible de la vida y riqueza en el ámbito rural. Por este motivo, trabajamos para conseguir que las mujeres cuenten con las herramientas necesarias para facilitarles el emprendimiento. Deben contar con oportunidades de formación, cualificación, capacitación y de medidas efectivas que permitan la conciliación de su vida personal y profesional, y así, poder asegurar el futuro de nuestros pueblos, que en el 42% de los casos se encuentra en grave peligro de despoblación.

Recientemente, el Observatorio de Emprendimiento publicaba un estudio sobre «Emprendedoras Rurales en España», en el que queda patente que son ellas, las propias mujeres, las que en un 79% de los casos perciben la necesidad de autoemplearse para poder quedarse a vivir en sus pueblos.

Este mismo estudio constata que en torno a un 20% de las mujeres rurales se encuentra inmersa en alguna de las fases del proceso emprendedor y más del 8% cuenta con un proyecto laboral ya consolidado, una cifra tres veces superior a la que se recoge en entornos urbanos.

En la mayoría de los casos, las mujeres se ponen al frente de empresas familiares y si deciden invertir en otro negocio, la apuesta mayoritaria se dirige hacia el sector servicios o el agrario.

La actividad emprendedora de las mujeres es vital para afrontar el reto demográfico, pero también, para hacer frente a otros desafíos de gran calado como son la masculinización, el envejecimiento, la falta de oportunidades de empleo y el desigual acceso a servicios públicos e infraestructuras.

Quiero destacar la silenciosa y ya imparable revolución de las mujeres rurales en el sector primario. Ya son muchas las que pisan con fuerza. Si centramos la mirada en la última década, las mujeres jefas de explotaciones agrarias han aumentado un 22%, mientras que los varones jefes de explotación han disminuido un 15%. Además, el 38% del total de los perceptores de las ayudas directas de la PAC son mujeres y contamos con más de 1.200 mujeres que comparten la titularidad de la explotación agraria con su marido o pareja.

Y es que no es posible hablar de futuro sin hablar de campo, y sin mujeres no hay campo, ni desarrollo rural. Por tanto, o se invierte en las mujeres o no hay futuro para el ámbito rural.

Por eso, desde AMFAR-Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural, apostaremos y trabajaremos para concienciar a la sociedad de que son necesarias medidas reales que garanticen el relevo generacional, que incrementen la profesionalización de las mujeres en la actividad agraria, que mejoren su calidad de vida, sus oportunidades laborales y pongan fin a las desigualdades salariales.

Estoy convencida que el trabajo conjunto, en beneficio de las mujeres rurales, redundará en vida, empleo y población para el ámbito rural español.