Roberto Salinas Bezares / Responsable vitivinícola de la UAGR-COAG
Como es sabido, la dramática situación que vivimos los agricultores y los ganaderos no es cosa nueva, sino que viene de atrás. Más allá de denunciar la crisis que sufrimos, y ante la falta de voluntad de las administraciones que nos gobiernan, a principios de 2025 realizamos una ronda de reuniones con alcaldes y grupos parlamentarios para intentar una búsqueda conjunta de soluciones. Han finalizado las diferentes campañas agrarias, y tras las recogidas, nos encontramos en peores circunstancias que en años anteriores, si cabe. De hecho, hemos terminado el año siendo 124 agricultores y ganaderos profesionales menos que en 2024.
Durante las últimas semanas, tras la vendimia, nos hemos reunido con las asociaciones bodegueras, con el Consejo Regulador, con representantes de varios partidos políticos e incluso con los máximos responsables de la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA). También, con el resto de OPA, nos reunimos por fin con Gonzalo Capellán. A todos ellos les hemos transmitido nuestro análisis del sector agrario riojano, en muy mala situación en su conjunto, no solo el apartado vitivinícola. De las reuniones extraemos como principal conclusión que todos compartimos el análisis, pero no se aportan soluciones válidas.
Estamos en La Rioja, y aunque la crisis afecta a casi todos los sectores productivos, hemos de hablar del vino. Tras las citas mantenidas, parece que todas las asociaciones de bodegas apuestan, como nosotros, por la calidad y no por la cantidad, como solución para salir de la actual crisis. Muy bien, estamos de acuerdo. Pero, entonces, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?
Hemos visto que hasta quienes querían comprar uva barata, ahora apuestan por la calidad. Bien nos parece, pero, siguiendo con el refranero, no se pueden conseguir duros a cuatro pesetas, ¿verdad? Producir uvas de calidad cuesta tiempo y dinero. Tiempo, en mimar las viñas, metiendo más horas que un reloj vuelta arriba y vuelta abajo en el renque; y dinero, abundante y creciente, el que tenemos que adelantar cada campaña, unos costes de producción que se incrementan descabelladamente cada año, sin que el pago que recibimos por nuestro trabajo lo haga proporcionalmente.
Tenemos un grave problema, y es que quienes marcan los precios de la DOC Rioja son las grandes bodegas, esas que buscan beneficios a corto plazo, sin importarles todos los agricultores que vivimos en el territorio produciendo esas uvas de alta calidad que nos exigen. Aquí, salvo contadas excepciones, no hay fincas enormes, idóneas para optimizar los costes, como sí las hay en otras regiones. En cambio, contamos con la riqueza y la variedad que ha hecho famosa a la nuestra en todo el mundo. Por eso necesitamos mantener el tejido productivo tan repartido como lo está en manos de pequeñas y medianas explotaciones agrícolas. Un modelo que es el único socialmente sostenible en La Rioja, no un sistema de pocos propietarios con fincas astronómicas, modelo que solo avoca a vinos uniformizados e insulsos, sin personalidad.
Así pues, o hay un acuerdo para que entre todos consigamos que se aplique la Ley de la Cadena, o en La Rioja se acabará la viticultura que conocemos. Solo así, reconociendo el trabajo de los agricultores, lograremos la sostenibilidad económica de todo el sector vitivinícola riojano, bodegas y viticultores. Pero para ello es fundamental que funcione la parte política: Hay que frenar a los grandes fondos de inversión, obligándoles a pagar lo que se debe, porque margen tienen, no hay más que ver las presentaciones de beneficios o las inversiones millonarias que siguen haciendo.
Instamos a las diferentes autoridades, por tanto, a que se pongan las pilas para hacer cumplir la normativa vigente. No podemos permitir que hagan lo mismo que con la salud con otro asunto primordial, como es la alimentación, ya que el sector agroalimentario es muy importante para toda la economía riojana, pero es primordial para la supervivencia de nuestros pueblos.
Desde estas líneas ya avanzo que, a pesar de todo lo dicho, en la Unión no vamos a bajar los brazos, no vamos a abandonar la pelea de seguir produciendo alimentos de calidad para la sociedad. Este año, tras la escasa vendimia y los precios de ruina que nos han ofrecido, los viticultores ya estamos podando y abonando las viñas para la próxima campaña.
Mientras esto sucede en el campo, los representantes de la Unión continuamos trabajando en las diferentes mesas, defendiendo en ellas a los pequeños y medianos profesionales que luchan por sobrevivir a este tsunami de calamidades. Así, en las reuniones en la Consejería o en las comisiones del Consejo Regulador, sostenemos que, antes de cualquier medida que pueda perjudicar la imagen de la DOC Rioja, se deben realizar ajustes dentro de la propia Denominación para realizar un control exhaustivo e integral, tanto para las bodegas como para los viticultores. Por eso proponemos seguir implantando medidas dentro del Consejo tendentes a regular la oferta y la demanda, con un nuevo plan de control que mejore al aprobado la campaña pasada, y que ponga el foco en las siguientes cuestiones:
- Control de aforo en bodegas previo y posterior a vendimias.
- Control de producto terminado para vigilar la calidad de los vinos.
- Control de la producción para que las uvas que se elaboren en Rioja sean de Rioja.
- Control del potencial productivo para que se ajuste a lo que realmente hay en las viñas.
Para emprender estas acciones proponemos que se aumente la dotación económica para estas tareas de control, con un reparto nuevo en las partidas del presupuesto ordinario del Consejo Regulador. Y, si fuera necesario, derivando parte del presupuesto que actualmente se destina a promoción a mejorar el control y la calidad del producto terminado de la DOC.
Hablando de presupuestos, y ante la situación de falta de rentabilidad en el sector viticultor, seguimos considerando que no se puede apoyar el presupuesto extraordinario para promoción que se propone en el Consejo Regulador.
Por otro lado, seguimos pensando que hay elementos dentro de la DOC Rioja que se deben mejorar, como es su implicación en garantizar el cumplimiento de la Ley de la Cadena. Como hemos dicho muchas veces, los propios estatutos de la Interprofesional la obligan a ello, ya que la primera de las actividades que “podrá desarrollar” es la siguiente:
- Velar por el adecuado funcionamiento de la cadena alimentaria y favorecer unas buenas prácticas en las relaciones entre sus socios en tanto que son partícipes de la cadena de valor.
Más claro, agua… Pues bien, para empezar con esta tarea, volvemos a proponer que la Interprofesional comience a trabajar en el control de los contratos de compraventa de uva y del vino de cooperativas y cosecheros, creando la tantas veces demandada Comisión de Seguimiento de los Contratos entre los operadores de la DOC Rioja.
Después de dos campañas muy cortas, hemos visto como la ratio se ha equilibrado. Pero se ha hecho sin que los viticultores hayamos recuperado la senda de la rentabilidad. Por eso, y así se lo hemos dicho a las asociaciones bodegueras en las reuniones, echamos en falta un verdadero compromiso de las bodegas con la DOC. Con su futuro, sí, pero sobre todo con su presente. Y esto pasa por pagar las uvas claramente por encima de su coste de producción. Y no se está haciendo. Por eso, en la Unión nos preguntamos: ¿Por qué, si defendemos y damos calidad, por qué, si ya hay equilibrio y la ratio ya está equilibrada, no pagan las uvas por encima de costes, haciendo que se tengan que ir muchos viticultores? A esa pregunta, lamentablemente, siguen sin darnos respuesta convincente.
Todo lo anterior nos lleva a pensar que la demandada regulación de oferta y demanda no ha sido más que un espejismo, ya que no ha solucionado la economía de los viticultores. Y lo que es peor, mucho nos tememos que hay quien ni siquiera la desea, por lo que no nos extrañaría que de aquí a 5 años nos volvamos a encontrar en la misma situación de excesos de producción, peticiones de estocaje para luego convertirlo en vino de mesa… Estrategias fallidas a las que hay quien desea volver mediante un arranque que no solucionaría los problemas estructurales de nuestro sector estrella.
En los últimos meses hay también quien se alegra de la nueva etapa en el Consejo Regulador, con Raquel Pérez y Pablo Franco como cabezas visibles del cambio. Aunque en principio nos alegramos de que entre viento fresco en la casa, ya va siendo hora de que los cambios se noten de verdad, por ejemplo, dando más visibilidad de los controles que se hacen hoy en día, más transparencia del trabajo que se hace dentro del Consejo para que todo el sector sepa su labor y cómo se está haciendo, porque hasta ahora ha habido mucho oscurantismo. Mucho sabemos los viticultores de cartas para tirar uvas, reducción de rendimientos varias campañas seguidas, cierres de vendimia discriminatorios, precintado de remolques… Pero, y de los aforos en bodega, ¿qué sabemos? ¿Cuántas han sido sancionadas por recepcionar uva, mosto o vino de procedencia fraudulenta? Vale que a los vocales en el Consejo nos dan información de inspecciones y demás. Pero, al viticultor que está podando, cuidando de no pasarse ni una yema de la normativa, ¿qué le llega de todo esto? Poco o nada, lamentablemente. Así pues, animamos a los nuevos gestores de la Denominación a que abran las ventanas, para que el viento fresco expanda la información y la transparencia por todo el territorio.
Van ahora unas líneas finales dirigidas a los gobernantes de las diferentes administraciones públicas: Lo mismo que en el caso de las bodegas, desde la UAGR vemos que falta voluntad política para revertir la debacle económica que se cierne sobre el sector agrario en general, y sobre el vitivinícola, en particular. No nos vale que escurran el bulto y se permitan el lujo de invalidar la Ley de la Cadena Alimentaria, conseguida después de décadas de pelea sindical. Pues bien, mientras parece que hay consenso en rechazar, al menos de boquilla, la amenazante reforma de la PAC que nos quieren imponer desde Bruselas, aquí en España y en La Rioja tienen tajo que sacar, haciendo ni más ni menos que se cumpla la Ley. Así se lo dijimos también hace poco a los máximos dirigentes de la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA), entidad de mucho nombre, pero pocos logros a la hora de frenar la sangría económica que nos provocan los incumplidores de la citada Ley.
Termino con un reconocimiento a quien sí hace bien las cosas, como esas bodegas que buscan proveedores para varios años, ofreciendo precios dignos para la uva. Sin duda una buena noticia y un avance para recuperar la senda perdida de la rentabilidad y del futuro de la DOC Rioja y de sus viticultores. Mientras llega, en la Unión seguiremos luchando para “hacer con el futuro un canto a la esperanza”, como decía Labordeta.
