EFE.- Esta es una de las conclusiones aprobadas por el plenario del Congreso, en respuesta a una propuesta del presidente de Fenacore, Andrés del Campo, quien en declaraciones a los periodistas previas a la clausura, destacó que el regadío tiene «muchas externalidades positivas».

«No sólo es necesario para producir alimento, si no también son importantes los cultivos como sumideros de CO2 atmosférico, no en vano en Europa absorben el 12 por ciento de lo que todas las industrias emiten, por tanto, beneficia a toda la sociedad porque se reduce efecto invernadero», dijo el viernes.

Además, destacó su importancia «para la distribución de la población en el medio rural» y «su influencia en el PIB no sólo por la actividad agraria en sí, sino por todo el complejo agroalimentario asociado, lo que supone elevarla en España del 2,8 al 15 por ciento».

Señaló que «desde los organismos internacionales se está demandando aumentar la productividad agraria a nivel mundial más 40 por ciento antes de 2030 y más de un 70 por ciento antes de 2050 y eso se puede conseguir con regadío y tecnología».

Del Campo informó de que el congreso también sirvió para poner de manifiesto lo fundamental de usar «unos medios de producción compatibles con el medio ambiente para que esos bienes naturales que usamos los agricultores como el agua y suelo puedan ser disfrutados por generaciones futuras; el agricultor es el verdadero interesado y ecologista porque vive en y por el medio natural, con esto se consigue triple rentabilidad social, económica y medioambiental».

Dicho esto, se refirió a la importancia de otros temas tratados como la innovación en regadío y el binomio agua energía como «factor fundamental a tener en cuenta a la hora de proyectar nuevos planes de regadíos» o el «injusto sistema tarifario que tenemos en nuestro país».

Al acto de clausura asistió el secretario de Estado de Medio Ambiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama), Federico Ramos, quien agradeció «el importante papel de los usuarios, y en particular de las comunidades de regantes», en la elaboración de los planes hidrológicos, cuya primera fase concluirá próximamente «tras un esfuerzo titánico».

«La participación de las comunidades de regantes para el diseño de las medidas planteadas y para su materialización, asumiendo también importantes compromisos, es clave para alcanzar los objetivos de la planificación hidrológica en temas como la reducción de la contaminación difusa, la mejora de la eficiencia, el control de las extracciones o el binomio agua energía», explicó Ramos.

Ramos señaló que, a través de los planes hidrológicos, «el Magrama integra la protección del medio ambiente con los intereses de los agricultores y regantes».

Además, destacó que los planes hidrológicos prevén un incremento de superficie de regadío hasta el 2027 de en torno a un 20 % sobre la actual, un aumento a pesar del cual «no habrá un incremento de la demanda de agua de más del 11 % gracias a medidas de fomento del ahorro y de modernización de regadíos, lo que demuestra una clara voluntad de ser eficientes en uso del agua».