La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) ha reclamado al Gobierno español, concretamente al Ministerio de Agricultura, que apruebe unas normas de comercialización específicas del caqui -como tienen los cítricos o las manzanas- con el objeto de establecer obligatoriamente la salida comercial de frutos con rayas o defectos visibles en la piel, mientras no afecten a la calidad organoléptica, y reducir así el desperdicio alimentario récord que protagoniza este cultivo a pie de campo, con destríos que superan el 40% de la producción en muchos campos. Esta fue una de las principales reivindicaciones que subrayó la sectorial del caqui de AVA-ASAJA que tuvo lugar este jueves 19 en la Finca Sinyent con la asistencia de un centenar de productores.

El caqui no tiene aún una norma específica en España y la Unión Europea, por lo que debe cumplir las normas de comercialización genéricas de frutas y hortalizas, que no se adaptan a las necesidades particulares del cultivo. El presidente de AVA-ASAJA, Cristóbal Aguado, criticó que «mientras el Gobierno español no establezca estas normas específicas y las eleve a la UE, los operadores comerciales continuarán eligiendo qué caquis se recolectan y qué caquis se tiran al suelo, dejando campos enteros alfombrados de frutas que perfectamente podrían ser consumidas. Esto es un crimen, una ruina para el productor y un desperdicio alimentario que no podemos seguir tolerando».

Además, teniendo la Comunitat Valenciana el 90% de la producción y la comercialización del caqui español y europeo, AVA-ASAJA criticó la falta de organización del sector y apoyó la puesta en marcha de una interprofesional que defienda unas normas de comercialización propias y que promocione el consumo de caquis «que no tengan por qué parecerse a una bola de billar impoluta, sino que puedan tener defectos estéticos en la piel. Al igual que se concienció con el plátano de Canarias, la piel del caqui tampoco se come y unas simples manchas o rayas no pueden implicar su desperdicio, al contrario, son signo de naturalidad y frescura».

CAMPAÑA «AGRIDULCE»

Después de la desastrosa campaña de 2024, con la irrupción de la DANA en plena recolección, la sectorial del caqui de AVA-ASAJA hizo balance de una campaña «agridulce»: El cultivo obtuvo una mayor rentabilidad, excepto en numerosos casos que sufrieron temporales de pedrisco, ataques de plagas y exceso de humedad por las lluvias de diciembre. La nota positiva fueron los precios en origen, estabilizados entre 0,4 y 0,65 €/kg por debajo de los cuales no se pueden compensar los elevados costes de producción.

Las primeras previsiones de aforo se situaron en 300.000 toneladas, pero los pedriscos rebajaron un 20% estas estimaciones. La principal plaga volvió a ser el cotonet, que en algunos campos no pudo mantenerse a raya, así como las moscas blancas, la mancha foliar y la última plaga en llegar, el trips de Sudáfrica.

AVA-ASAJA reclamó la autorización de más materias fitosanitarias y biológicas que tengan una eficacia contrastada y sean económicamente viables. Un ejemplo clamoroso es la cría y liberación masiva del Anagyrus fusciventris, el parasitoide más eficaz contra el cotonet Pseudococcus longispinus, que el Ministerio para la Transición Ecológica se niega a autorizar, pese a tratarse de control biológico, porque lo cataloga como especie exótica cuando ya está presente desde hace décadas.

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