Donaciano Dujo / Presidente de ASAJA Castilla y León
El pasado 18 de diciembre ASAJA y las organizaciones agrarias de los 27 países de la Unión Europea protestamos en Bruselas por la caída de la rentabilidad del sector agrícola y ganadero, con costes altos y precios de venta mínimos, una PAC cada vez menos dotada y acuerdos comerciales asfixiantes con terceros países, con el estoque final de la firma del acuerdo con Mercosur.
El rechazo del campo europeo a Mercosur es unánime. Justo la posición contraria a la de la mayoría de los ministros de Agricultura -entre ellos Luis Planas, ferviente defensor del acuerdo. De los 27, solo cuatro países, Francia, Irlanda, Polonia y Hungría, han eludido apoyarlo; incluso Meloni amagó con ello pero al final firmó también, aun sabiendo que el voto de Italia era determinante.
Mercosur ha sido conflictivo desde el principio. A los que se creen que es algo nuevo, les recordaría que ya en febrero de 2011, hace 15 años, las calles de Valladolid acogieron una protesta conjunta de ASAJA y el resto de las organizaciones y cooperativas agrarias, en la que pedíamos precios justos para el ganadero y, especialmente, que se frenara el acuerdo de Mercosur. Muchos tumbos han dado las negociaciones desde entonces, pero ya se adivinaba que el impacto mayor sería para la ganadería, especialmente el vacuno de carne, aunque también puede afectar a la apicultura o parcialmente a otras producciones agroganaderas. En los últimos meses a la Unión Europea le han entrado las prisas, y en eso algo tendrá que ver la radicalización de la política internacional. China y Estados Unidos tratan de extenderse en todo el planeta, y Bruselas ha respondido con un acuerdo, estancado desde hace años, con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que son el cuarto bloque económico del mundo.
¿De qué va el documento? Principalmente del libre comercio entre ambas partes. En ese punto, poco podríamos decir los agricultores y ganaderos de Castilla y León, de España y la Unión Europea, que estamos a favor de las relaciones comerciales. Importamos medios de producción (desde maquinaria y fertilizantes hasta alimento para nuestro ganado) y exportamos cada vez más, respaldados por nuestra calidad y buen hacer. La Unión Europea es la primera potencia mundial en exportación y España es de los países miembros más potentes, el séptimo país del mundo en exportaciones alimentarias. No nos da miedo a competir en calidad. Entonces, ¿cuál es el problema?
Pues que la Unión Europea, PAC a PAC, ha ido marcando unas normas de producción, tanto ambientales, sanitarias, de bienestar animal y burocráticas, que complican y encarecen la producción. Y a ello hay que sumar los elevadísimos costes de producción. Los agricultores de Mercosur no tienen estos estándares, ni medioambientales, ni sanitarios, ni de costes sociales y laborales, y por lo tanto lo que producen se abarata, lo que significa una competencia desleal contra las producciones europeas. De aplicarse en los términos actuales, este acuerdo no solo es una muerte lenta para la agricultura española y europea: es también un golpe para los consumidores. El mercado se llenaría de productos de peor calidad y con menores exigencias sanitarias que los nuestros. Nos hablan de contingentes cuando las importaciones superen ciertos umbrales, nos hablan de cláusulas espejo, y todo ello es deseable, pero no basta con buenas palabras: hay que garantizar los controles de todo lo que entra en frontera, que hoy son muy laxos, casi inexistentes.
Aunque Mercosur haya sido ratificado por mayoría de los Estados miembros, todavía hay partido. La próxima semana el acuerdo pasará por el Parlamento Europeo, y desde ASAJA y el sector productor europeo, bajo el paraguas de COPA-COGECA, estamos ejerciendo toda la presión posible para que se corrija el documento. Días después, a finales de enero, la riada de protestas llegará a prácticamente todo el mapa nacional, con tractoradas en todas las provincias coordinadas desde la unidad de acción de todas las organizaciones profesionales, para que el impacto sea significativo y verdadero. Y no acabaremos este mes, seguiremos, porque este es un camino a largo plazo, entrecruzado además con la reivindicación de una futura PAC profesional, productiva y bien financiada.
No vamos a tirar la toalla en ningún momento, los agricultores y ganaderos europeos estamos más unidos que nunca en nuestras reclamaciones. Revertir Mercosur en sus términos actuales tiene que ser posible, porque es necesario: lo contrario pondría en riesgo cierto la soberanía alimentaria, que es una pata esencial para una Europa que necesita ganar fuerza y autonomía en un panorama mundial muy difícil. España se juega mucho: su peso como potencia de producción alimentaria y, aún mucho más importante, la resistencia de su tejido de actividad y vida en el medio rural.
