En privado, los funcionarios marroquíes de alto rango admiten que Marruecos defiende sus intereses "con todas las armas a su alcance", y justifican así el retraso en la ratificación del acuerdo pesquero, que ya nadie considera sea cuestión de días ni de semanas, sino posiblemente de meses.

Presión del sector de frutas y hortalizas alauita


     Los propios exportadores marroquíes de frutas y hortalizas, que han puesto el grito en el cielo por las nuevas condiciones de entrada de sus productos en el mercado europeo, entienden que el problema ya ha traspasado los límites del sector.

     "Es un problema político, estamos tocando a la dignidad de un país -dijo a Efe Munir Omar, portavoz de la Asociación de Productores y Exportadores de Frutas y Hortalizas, APEFEL-; ahora todo está de nuevo sobre la mesa".

     Según fuentes próximas a las negociaciones, hace ya semanas que el caso pasó a manos de la diplomacia marroquí, que aplica a la cuestión criterios políticos y ya no técnicos.

    Además, "se han cruzado las elecciones europeas en el conflicto y el actual bloqueo con Marruecos se ha convertido en un tema electoral europeo", reflexionó Munir, abundando en el pesimismo sobre una salida inmediata al doble conflicto.

     "Del mismo modo que yo no quiero que mis vecinos españoles que viven de la pesca se queden en la estacada, tampoco quiero que nosotros, agricultores marroquíes que dependemos de la exportación del tomate, nos quedemos tirados", subraya.

Insinúan amenazas directas a España


     Según los cálculos del gobierno marroquí, la entrada en vigor de las nuevas medidas agrícolas (que no será hasta octubre) supondrán la pérdida de 30.000 empleos y una pérdida de 130.000 toneladas que no podrán ser exportadas, cifra que la asociación gremial aumenta hasta las 150.000 toneladas.

     Munir recuerda que la interconexión no es solo entre pescado y hortalizas, sino también entre Marruecos y España: "¿De donde cree que los agricultores marroquíes compramos los abonos, plaguicidas, plásticos de invernadero y todos los insumos? De España, por lo que también en España hay quien está perdiendo por estas nuevas condiciones.

     Sin embargo, han sido las organizaciones agrarias españolas las que tradicionalmente más se han quejado de los "abusos" con que Marruecos supuestamente interpretaba el acuerdo agrícola para jugar con las fechas y los contingentes e "inundar" el mercado europeo con tomate a precio muy bajo.

     La nueva normativa comunitaria, que va a obligar al tomate marroquí a ceñirse al contingente a precio preferencial o a precios regulados por la Organización Mundial del Comercio, se ha establecido precisamente para tratar de imponer criterios más claros y menos interpretables.

     Los analistas creen ahora que Marruecos ha jugado muy fuerte y quiere obligar a la Comisión Europea a volver sobre sus propias decisiones en la cuestión agrícola, antes de que el texto llegue al Europarlamento, algo que parece improbable.

     Mientras tanto, el centenar de pesqueros españoles espera amarrado en puerto a que se resuelva el nuevo embrollo agrícola. Llevan dos años y cuatro meses en el dique seco.

    En privado, los funcionarios marroquíes de alto rango admiten que Marruecos defiende sus intereses "con todas las armas a su alcance", y justifican así el retraso en la ratificación del acuerdo pesquero, que ya nadie considera sea cuestión de días ni de semanas, sino posiblemente de meses.

Presión del sector de frutas y hortalizas alauita


     Los propios exportadores marroquíes de frutas y hortalizas, que han puesto el grito en el cielo por las nuevas condiciones de entrada de sus productos en el mercado europeo, entienden que el problema ya ha traspasado los límites del sector.

     "Es un problema político, estamos tocando a la dignidad de un país -dijo a Efe Munir Omar, portavoz de la Asociación de Productores y Exportadores de Frutas y Hortalizas, APEFEL-; ahora todo está de nuevo sobre la mesa".

     Según fuentes próximas a las negociaciones, hace ya semanas que el caso pasó a manos de la diplomacia marroquí, que aplica a la cuestión criterios políticos y ya no técnicos.

    Además, "se han cruzado las elecciones europeas en el conflicto y el actual bloqueo con Marruecos se ha convertido en un tema electoral europeo", reflexionó Munir, abundando en el pesimismo sobre una salida inmediata al doble conflicto.

     "Del mismo modo que yo no quiero que mis vecinos españoles que viven de la pesca se queden en la estacada, tampoco quiero que nosotros, agricultores marroquíes que dependemos de la exportación del tomate, nos quedemos tirados", subraya.

Insinúan amenazas directas a España


     Según los cálculos del gobierno marroquí, la entrada en vigor de las nuevas medidas agrícolas (que no será hasta octubre) supondrán la pérdida de 30.000 empleos y una pérdida de 130.000 toneladas que no podrán ser exportadas, cifra que la asociación gremial aumenta hasta las 150.000 toneladas.

     Munir recuerda que la interconexión no es solo entre pescado y hortalizas, sino también entre Marruecos y España: "¿De donde cree que los agricultores marroquíes compramos los abonos, plaguicidas, plásticos de invernadero y todos los insumos? De España, por lo que también en España hay quien está perdiendo por estas nuevas condiciones.

     Sin embargo, han sido las organizaciones agrarias españolas las que tradicionalmente más se han quejado de los "abusos" con que Marruecos supuestamente interpretaba el acuerdo agrícola para jugar con las fechas y los contingentes e "inundar" el mercado europeo con tomate a precio muy bajo.

     La nueva normativa comunitaria, que va a obligar al tomate marroquí a ceñirse al contingente a precio preferencial o a precios regulados por la Organización Mundial del Comercio, se ha establecido precisamente para tratar de imponer criterios más claros y menos interpretables.

     Los analistas creen ahora que Marruecos ha jugado muy fuerte y quiere obligar a la Comisión Europea a volver sobre sus propias decisiones en la cuestión agrícola, antes de que el texto llegue al Europarlamento, algo que parece improbable.

     Mientras tanto, el centenar de pesqueros españoles espera amarrado en puerto a que se resuelva el nuevo embrollo agrícola. Llevan dos años y cuatro meses en el dique seco.