Donaciano Dujo / Presidente de ASAJA Castilla y León
En estos días que comienza el plazo de presentación de solicitudes PAC, se supone que los agricultores deberíamos tener claro el plan de siembra para nuestra explotación. Basta echar un vistazo a las tierras, desde León hasta Segovia, desde Soria a Zamora, para comprender que tomar decisiones en este momento es imposible. El agua nos acompaña desde hace semanas, y los escasos ratos de sol han impedido orear la tierra para permitir la entrada de los tractores a hacer las labores necesarias.
Empecemos con los positivo: la campaña de riego queda garantizada, los embalses se están llenando y los acuíferos recargando, y los pastos brotarán con fuerza, incluso en zonas arrasadas por los incendios en el verano. A cambio, tenemos todavía cultivos sin recoger de la campaña anterior, como remolacha, maíz y patata. En miles de hectáreas sembradas de cereal en otoño (las que se pudieron, porque tampoco hubo una sementera fácil) no hemos podido entrar a fertilizar o aplicar tratamientos. Con los campos como mares de agua, con lo sembrado inundado y sin poder preparar el lecho para las siembras de primavera, y con posibilidades ciertas de que la humedad propicie aún más la entrada de enfermedades, será muy difícil tener una cosecha como la del año pasado. Y sabemos que si las producciones no son elevadas es imposible obtener una rentabilidad ya no mínima, sino de supervivencia, porque los costes siguen muy altos.
Punto y aparte merece el tema de si todo lo que está ocurriendo es inevitable. El tiempo viene como viene, pero no es verdad que todo dependa de su capricho. Llevamos años apuntando al peligro que encierra el abandono de los ríos, arroyos y cauces. El mal no solo está en que la Confederación Hidrográfica del Duero y otros organismos públicos no asuman sus competencias en este sentido, es que además impiden que los agricultores o los propios ayuntamientos, realicemos esas limpiezas. Sabemos que antes o después habrá problemas, pero a nadie parece importarle. Luego, cuando llegan las inundaciones y pérdidas, se echan las manos a la cabeza. Y así hasta la siguiente vez.
También, en estos momentos de riadas, se echa a faltar una apuesta decidida por incrementar la capacidad de almacenar agua, que además permitiría reforzar el regadío en la agricultura de Castilla y León, comunidad que tiene un potencial y condiciones reales para sumar más superficie de riego.
Por último, quiero hablar de los ganaderos. Es cierto que el agua es la mejor garantía para refrescar los pastos y que permitirá, salvo sequías fulminantes en la primavera, que haya producciones estimables de forrajes. Pero a lo largo de todas estas semanas de precipitaciones el manejo y la alimentación del ganado están siendo muy complicados. Si no pueden salir al pasto, hay que recurrir a alimentación suplementaria e incrementar el gasto. Eso sin contar los problemas que puedan haber sufrido explotaciones concretas en sus infraestructuras. Los caprichos del tiempo frenan las decisiones y agudizan la incertidumbre que siempre acompaña al sector.
