La necesidad de una correcta gestión de los residuos se ha convertido en uno de los grandes temas sobre los que gira el sector agrario en los últimos años. Aunque, para el público consumidor pasa desapercibido, la realidad es que el campo genera constantemente una enorme cantidad de basura, de envases, plásticos y embalajes que deberían gestionarse mejor para que no terminen convirtiéndose en el problema ambiental difícil de revertir que en la actualidad es.
En este escenario, la señalización correcta de los envases deberá aumentar su protagonismo como primera acción para la reducción de esta cantidad inasumible de desperdicios.
Cabe señalar, en este sentido, que detrás de cada pictograma, de cada marca impresa en un envase, hay información pensada para facilitar su recuperación cuando deja de tener utilidad. El símbolo de reciclaje, por ejemplo, es una guía directa para saber qué hacer con ese residuo de envases que llega al hogar del consumidor y cómo integrarlo de nuevo en el ciclo de los materiales. Sin esa referencia clara, el camino hacia el reciclaje de los envases domésticos se vuelve confuso y menos eficaz.
SEÑALIZACIÓN CLARA PARA UNA GESTIÓN MÁS EFICIENTE
La agricultura y las industrias vinculadas al sector utilizan una amplia variedad de envases industriales (que se emplean en industrias para la fabricación), comerciales (que sirven para el transporte de los productos, agrupación e incluso exposición de los mismos en los comercios y en distribución), así como envases domésticos (los que adquiere el consumidor y desecha en su casa). Así, envases como bidones de fitosanitarios, sacos de fertilizantes, envases de semillas, plásticos de protección de cultivos, embalajes de productos transformados, bandejas o cajas de plástico o de madera…. Cada uno está fabricado con materiales distintos y requiere un tratamiento específico al final de su vida útil.
Al referirnos a los envases domésticos, que acaban en casa del consumidor y éste deposita en el contenedor adecuado, es fundamental que los envases estén correctamente señalizados, ya que facilita que el consumidor lo deposite en el contenedor correcto. Así, cuando estos envases están correctamente separados, el residuo que llega a las plantas de clasificación puede ser clasificado por las tecnologías existentes con mayor rapidez y precisión, evitando que materiales reciclables terminen mezclados con residuos que no lo son, algo que complica los procesos de reciclado reduciendo la calidad del material recuperado. En el caso de los plásticos, por ejemplo, los códigos que identifican el tipo de polímero son determinantes. Mezclar materiales incompatibles puede arruinar lotes enteros destinados al reciclaje.
UN PEQUEÑO GESTO QUE IMPACTA EN LA SOSTENIBILIDAD DEL SECTOR
Las normativas europeas y nacionales en materia de residuos son cada vez más exigentes con fabricantes, distribuidores y usuarios. Se pide mayor responsabilidad en el ciclo completo de los productos, y eso incluye cómo se gestionan los envases cuando ya no sirven. La señalización forma parte de esa responsabilidad compartida.
Desde el punto de vista práctico, aplicar buenas pautas de separación y fijarse en la información del envase no supone un gran esfuerzo. Sin embargo, el impacto acumulado es notable, obteniendo menos residuos mal gestionados, menos riesgo de contaminación en suelos y acuíferos, y mayor aprovechamiento de materiales que pueden tener una segunda vida.
La sostenibilidad ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en un criterio que influye en la percepción del sector. Los mercados y los consumidores valoran cada vez más las prácticas responsables. Saber que detrás de un producto hay una gestión adecuada de sus envases y residuos suma en términos de reputación y competitividad.
Señalizar correctamente los envases es una cuestión técnica y normativa, y es una forma muy concreta de avanzar hacia un modelo más circular, donde los materiales no se desperdician y donde el campo demuestra, una vez más, su capacidad para adaptarse a los nuevos retos ambientales.
