EFE.- La Universidad de Lleida (UdL) y el Centro Tecnológico Forestal de Cataluña (CTFC) han impulsado un proyecto para optimizar los cultivos de trufa a través de la mejora de las técnicas de análisis de las plantas que tienen inoculado este hongo en sus raíces.

Las trufas crecen en el subsuelo junto a árboles como los robles y, sobre todo, las encinas, y para que ello se produzca es necesario que se dé una simbiosis entre el hongo y las raíces de la planta leñosa, lo que se conoce como micorriza, un órgano mixto formado por planta y hongo.

Se calcula que en toda Europa existen unas treinta especies de trufas diferentes, aunque sin duda la más apreciada en España es la trufa negra (Tuber melanosporum), muy cotizada en el mercado por su intenso sabor.

Los agricultores que desean cultivar trufa negra compran en viveros los árboles jóvenes con las raíces inoculadas con Tuber melanosporum, de manera que tras plantarlos, y al cabo de varios años, se puedan recolectar los primeros frutos.

Sin embargo, al tratarse de hongos, ¿cómo sabe un ‘truficultor’ que la planta que ha comprado contiene realmente micorrizas? Y en caso de que así sea, ¿cómo puede estar seguro de que estas micorrizas corresponden a la trufa negra y no a otra especie, como la china, de aspecto similar pero menos sabrosa y demandada?.

"Es como comprar un coche de segunda mano sin poder abrirlo, no sabes lo que te vas a encontrar hasta que lo pruebas", señala a Efe la investigadora Lorena Palacio.

El proyecto de la UdL, que el Banco Santander financia con 70.000 euros, tiene por objetivo, precisamente, determinar, a través de un proceso de análisis en laboratorio, si una planta contiene micorrizas, si éstas son de la trufa negra y en qué cantidad.

Este estudio bioquímico, que se inicia con la extracción del ADN de la micorriza, permite saber asimismo si las raíces del árbol contienen micelios de otras especies de trufa u otros hongos.

"El éxito de una plantación de trufa depende en gran parte de la calidad de lo que se planta y de que en esta planta esté realmente en simbiosis el hongo que forma la trufa negra", explica a Efe el doctor Carlos Colinas, profesor del departamento de Producción Vegetal y Ciencia Forestal de la UdL y responsable del proyecto.

No obstante, el hecho de que la planta contenga micorrizas de trufa negra no garantiza que el cultivo vaya a salir adelante, pues que prospere o no una producción de trufa depende también de otros factores, como el tipo de suelo, la pluviometría o la gestión de la plantación.

"Con este proceso garantizamos que lo que vas a plantar tiene trufa negra en la raíz, pero no que vayas a tener trufa", subraya el doctor Colinas al respecto.

La Asociación LIFE de productores de setas y trufas de Cataluña ha colaborado desde un primer momento con este proyecto, pues los ‘truficultores’ son los primeros interesados en saber que los árboles que están comprando para producir trufas corresponden realmente a la calidad que están pagando.

Esta entidad, que cuenta con unos 140 asociados, adquiere cada año grandes lotes de plantas destinadas al cultivo de trufas.

Los investigadores de la UdL y del CTFC se encargan de analizar una muestra de los distintos lotes y redactan su correspondiente informe, en el que detallan aspectos como la calidad del árbol, si tiene alguna herida, el porcentaje de raíces tróficas colonizadas o de micorrizas de hongos distintos.

Está previsto que este año se planten en Cataluña 18.000 árboles para el cultivo de trufa, unas 72 nuevas hectáreas, que se sumarán a las cerca de 350 destinadas actualmente a este tipo de plantación.

En toda España se calcula que hay unas 9.000 hectáreas de cultivos de trufa, la mayoría de las cuales, unas 4.500, se encuentran en Aragón.

La trufa negra, que también crece de forma silvestre, es un producto "gourmet" muy apreciado y su precio en el mercado puede situarse, según la temporada, entre los 400 y 500 euros el kilo.

La trufa china, de aspecto muy similar pero de diferente olor y sabor, cuesta entre 40 y 50 euros el kilo.

×