Un proyecto europeo de tratamiento y valorización de residuos financiado por el programa de la Unión Europea LIFE+, que concluye ahora, de forma exitosa, con la obtención de bolsas y bandejas de plástico totalmente biodegradables y "además elaboradas con residuos de la industria".

     "Hemos conseguido obtener envases plásticos, bolsas y bandejas, y comprobar las ventajas que tiene su uso en el envase de alimentos de panificación y repostería", ha explicado Garcinuño.

     Una vez obtenido el bioplástico, a partir del ácido poliláctico, resultado a su vez de las reacciones enzimáticas de cortezas y residuos del pan de molde y bizcochos, el CETECE se ha encargado de analizar la vida útil y la conservación de los alimentos dentro de este nuevo envase y ha comprobado que "el comportamiento es perfecto con mantecados y pastas".

      Sin embargo con el pan de molde y las galletas, los productos a los que iba dirigido en principio el proyecto, los resultados no son tan positivos ya que se ha comprobado que este plástico acorta la vida útil del producto con respecto a los que hay en el mercado.

     "Esto es debido a que tiene más permeabilidad al oxígeno, un inconveniente para el pan de molde que es bastante tierno y húmedo, pero es una ventaja para pastas y mantecados", ha observado.

Grandes empresas han colaborado en la iniciativa


     Entre las grandes ventajas del nuevo bioplástico está la de que es totalmente biodegradable y que se elabora con residuos de panadería, es decir productos de desecho y biodegradables, en lugar de con recursos fósiles como el petróleo que se usa para hacer los plásticos tradicionales, o de alimentos de consumo como los cereales, las harinas o el almidón de patata, que hoy se usan para hacer bioplásticos degradables.

     Pero hay otras ventajas, como que es más resistente, transparente y brillante que los plásticos que hay en el mercado y además "reduce el enranciamiento de los alimentos que se envasan en él".

      proyecto ha sido realizado por investigadores del Cetece-Centro Tecnológico de Cereales (España), el Leibniz-Institut für Agrartechnik Pstdam-Bornim ATB (Instituto de Agricultura, Alemania), el Biocomposites Centre de la Universidad de Bangor (Inglaterra) y la Asociación de materiales plásticos Aimplas de Paterna (Valencia). Además han contado con la colaboración de las empresas Panrico y Grupo Siro