Años después, ya con agua corriente, electricidad y buenos accesos por carretera, la situación de Montejo de la Sierra ha cambiado mucho y también la del propio hayedo, que ha pasado de ser un lugar abierto a todos a tener que restringir la entrada de visitantes hace 25 años para mantener su conservación, con un máximo de 25.000 personas por año.

     "Es duro no poder venir con libertad, pero ese sacrificio reporta al monte", asegura Francisco García Jiménez, que fue alcalde de Montejo de la Sierra durante ocho años, hasta 2007, y que relata cómo de niño venía con su familia al hayedo para comer, dar paseos y echarse la siesta a la sombra de los árboles.

     En la actualidad, para adentrarse en este paraje, que este año conmemora el 40 aniversario de su declaración como Sitio Natural de Interés Nacional, es necesario reservar con antelación por teléfono, por Internet o en persona, en el Centro de Información y Reservas de la Reserva de la Biosfera Sierra del Rincón, que reparte un 50% de los pases diarios.

En otoño recibe casi el 40% de todas las visitas del año


     Tan sólo los habitantes de Montejo de la Sierra y los otros cuatro pueblos que configuran la mancomunidad de la Sierra Norte de Madrid (Horcajuelo de la Sierra, Prádena del Rincón, Puebla de la Sierra y La Hiruela) pueden acceder libremente al hayedo, al igual que los turistas que consigan un pase especial facilitado por los servicios de restauración y los alojamientos rurales.

     El resto de las personas interesadas en conocer el Hayedo de Montejo suelen verse obligadas a hacer cola frente al centro de reservas, principalmente en otoño, la época del año en la que este bosque recibe más afluencia de público, hasta un 40% del total de las visitas, atraído por los colores del manto de hojas caídas.

     "En la temporada alta, de mediados de septiembre a noviembre, llegamos a recibir hasta 500 personas al día", dice Ignacio Úbeda, técnico ambiental de la reserva de la biosfera y uno de los ocho guías encargados de acompañar a los visitantes por las tres sendas que ofrece el hayedo, de alrededor de 3 kilómetros de longitud y hora y media de duración.

     Los visitantes habituales del hayedo son familias, parejas y alumnos de Educación Infantil y Primaria, en torno a 3.000 por año, cuyos profesores tienen que apuntarse en ocasiones a listas de espera para que los menores puedan disfrutar de este paraje de 250 hectáreas de extensión, famoso por ser el único bosque de hayas de la Comunidad de Madrid y uno de los más meridionales de Europa.

Pese a su nombre, lo que más abundan son los robles centenarios


     A pesar de su nombre, en el Hayedo de Montejo lo que más abundan no son las hayas (algunas con nombres tan sugerentes como el haya de la roca, del trono o del ancla), sino los robles, los árboles más centenarios del bosque, con ejemplares de más de 600 años de antigüedad.

     "Hay decenas de hayedos en España pero este es singular, no sólo por ser probablemente el más septentrional de Europa, sino porque los vecinos lo usaron como dehesa y eso ha favorecido que haya unos árboles inmensos, eliminaron la competencia de alrededor para aprovechar el pasto", explica José Manuel Barrueco, responsable del programa de educación ambiental del Hayedo de Montejo.

     Los habitantes de Montejo de la Sierra han tenido un papel fundamental en la historia en la conservación de este bosque, del que son propietarios desde hace más de 500 años, cuando compraron en 1.460 a un noble de Sepúlveda el monte de hayas y robles, a orillas del río Jarama, conocido como El Chaparral.

     "Mis padres, mis abuelos y mis tíos lo han cuidado como el resto de la gente del pueblo", señala el actual alcalde de Montejo de la Sierra, Ismael Martín.

     Ahora sus conciudadanos pueden presumir de haber mantenido a lo largo de los siglos un hayedo que la Comunidad de Madrid aspira a convertir en Patrimonio Natural de la Unesco, un trámite para el que han pedido el apoyo del ministro de Educación, José Ignacio Wert, y con el que el Gobierno regional espera dar a conocer a todo el mundo uno de los "emblemas del medio ambiente en Madrid".