Pese a la petición de prudencia y paciencia de la  Organización Interprofesional de la Patata de Castilla y León (OIPACYL) a la espera de ver cómo evolucionan los mercados europeos, ASAJA Segovia insiste en que  continúa la campaña de patata en la provincia «y cada día que pasa hay más incertidumbre en el sector con precios ridículos en origen». Por eso, proponen un “doble etiquetado, en el que figure con claridad el origen y también lo que se paga al productor y lo que se cobra al consumidor».

Para la organización, «la patata de nuestra provincia y nuestra región se puede y se debe pagar a un precio justo, en el que nuestros agricultores ganen dinero y nuestros consumidores la compren a precios normales». 

ASAJA Segovia exige que se mantenga una remuneración justa para los agricultores que siembran y comercializan patatas. «El precio de las patatas en la tierra está hundido, pero en los lineales de los grandes distribuidores no ha cambiado nada, por lo que hay muchos intermediarios que se están llenado los bolsillos a coste de nuestros agricultores».

Por ello, y para hacer viable el cultivo de la patata en la región, creen que es necesario la implicación de todos: administración, en todos sus niveles, sector productor, gran industria y distribución.

PIDEN UN “DOBLE ETIQUETADO”, EN EL QUE FIGURE CON CLARIDAD EL ORIGEN Y TAMBIÉN LO QUE SE PAGA AL PRODUCTOR Y LO QUE SE COBRA AL CONSUMIDOR”

«Si queremos tener en nuestra Comunidad un futuro para este cultivo debe de existir implicación de todos y así no tener que depender de patata foránea».

Los costes del cultivo de patata son muy fuertes, en torno a 10.000 euros por hectárea, lo que significa que solo para cubrir costes se necesita una producción óptima y un precio digno. En el verano de 2024, los precios oscilaron entre 40 y 55 céntimos, unas cotizaciones buenas para los productores, y en todo caso muy lejos de los precios que pagan los consumidores.

Por último, ASAJA pide encarecidamente a los consumidores que en estos meses se fijen en la etiqueta que marca el origen de la patata (el origen, no el envasado) y elijan patata de nuestra tierra. También sugiere que la patata muestre un “doble etiquetado”, en el que figure con claridad el origen y también lo que se paga al productor y lo que se cobra al consumidor, “porque estamos cansados de que la sociedad piense que nos estamos forrando, cuando aquí el beneficio se lo quedan los intermediarios”.

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