Marta Cornello Pérez-Calderón / Presidenta Asociación ‘Somos Sierra Norte de Sevilla’

Parece que hay una verdad incómoda, que no interesa, porque reconocerla implicaría asumir responsabilidades, porque es más sencillo convertir un problema complejo en un único culpable que reconocer la incompetencia, el cortoplacismo y una forma de gobernar demasiado preocupada por la imagen, la polémica y el interés inmediato.

El cambio climático existe, nadie puede negarlo y sus efectos llevan décadas manifestándose y cada año son más evidentes. Pero convertirlo en la explicación absoluta de todo lo que ocurre es, además de simplista, profundamente injusto.

Cada verano España vuelve a arder, y cada vez con más virulencia y escuchamos de nuevo el mismo discurso: «la culpa es del cambio climático». ¿De verdad? ¿Y la gestión del territorio? ¿Y la prevención? ¿Y el abandono del medio rural? ¿Y las políticas que durante años han dado la espalda al campo? … pero de eso, no se habla.

España arde, arde nuestra tierra, nuestros montes, nuestros pueblos, nuestra identidad, y se pierde mucho más que masa forestal: se pierde historia, cultura y una forma de vida ligada al campo. Porque somos un país con una enorme riqueza natural, ganadera, pesquera, agrícola y artesanal. Tenemos recursos para ser fuertes y, en muchos aspectos, autosuficientes si realmente se apostara por ellos. Pero parece que lo coherente y lo natural no genera el interés de quienes toman las decisiones. Resulta más rentable mantener a la sociedad distraída y enfrentada.

Se habla constantemente de la España vaciada, pero no creo que esté vaciada; creo que ha sido echada y abandonada. Abandonada sin servicios, sin infraestructuras, sin oportunidades y asfixiada por una burocracia que ahoga cualquier iniciativa.

Abandonada, porque no somos rentables, porque donde vivimos menos, hay menos votos, como si el valor de un territorio pudiese medirse así. Porque el mundo rural no es un problema: es parte de la solución.

¿Qué esperamos que ocurra cuando desaparece la GANADERÍA EXTENSIVA, cuando los campos dejan de trabajarse, cuando los montes dejan de cuidarse y los pueblos se quedan sin gente? …. El combustible se acumula, el paisaje se degrada y el desastre, está servido.

No, el cambio climático no prende una cerilla. Agrava las condiciones, sí, pero un territorio bien gestionado no responde igual que uno abandonado. Esa diferencia no debería olvidarse nunca. Apagar una hectárea cuesta 10.000 euros, mantenerla, 200 euros… sobran las palabras.

Lo que siento, como tantos otros, es tristeza e indignación. Tristeza por los que sufren, e indignación porque se pudo haber mitigado.

No se trata de negar la realidad climática. Se trata de dejar de utilizarla como coartada para justificar años de abandono.

Porque el futuro no se construye con discursos, sino con gestión. Y España merece mucho más que explicaciones cuando ya solo quedan cenizas.

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