La Comisión Europea busca que Washington elimine el arancel del 15% para una amplia lista de productos considerados estratégicos, entre ellos aceite de oliva, vino, quesos, aceitunas, pasta o bebidas espirituosas. Más que una simple revisión técnica, el proceso refleja el intento de Bruselas por reducir el impacto económico de un pacto que todavía genera inquietud entre varios Estados miembros y, especialmente, en el sector agrario.

La lista presentada por la Comisión Europea engloba exportaciones valoradas en más de 115.000 millones de euros —algunas estimaciones las sitúan incluso cerca de los 150.000 millones—, lo que evidencia la magnitud de la negociación. No se trata únicamente de proteger productos emblemáticos de la gastronomía europea, sino también de preservar sectores industriales con un elevado valor añadido y una importante presencia en el mercado estadounidense.

La petición de Bruselas parte de un argumento sencillo: la Unión Europea ya cumplió con la parte del acuerdo que le correspondía. Desde el 1 de julio eliminó los aranceles sobre cientos de productos industriales y agroalimentarios procedentes de Estados Unidos, por lo que ahora espera un movimiento equivalente por parte de Washington. La Comisión sostiene que muchas de las mercancías incluidas en la lista benefician directamente a la economía estadounidense porque contribuyen a su proceso de reindustrialización, son difíciles de sustituir o forman parte de cadenas de suministro consideradas estratégicas.

El componente agroalimentario concentra buena parte de la atención política. Productos como el aceite de oliva, el vino, los quesos con denominación de origen, las aceitunas o determinados embutidos representan mucho más que simples exportaciones: constituyen una parte esencial de la identidad económica de varios países europeos.España, Italia y Francia han liderado la presión para conseguir un trato preferente, conscientes de que Estados Unidos continúa siendo uno de los principales destinos para estas industrias.

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