Con motivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) ha reivindicado el papel esencial de la agricultura y ganadería familiar en la conservación del suelo, la gestión del agua, la prevención de incendios y el mantenimiento de un medio rural vivo. UPA se muestra firme: “el sector no es el problema, sino una parte imprescindible de la solución”.
Para la organización, sin agricultores y ganaderos activos no hay gestión del territorio, no hay conservación de suelos fértiles, no hay prevención de grandes incendios y no hay pueblos vivos. Por ello, reclaman que las políticas públicas reconozcan y remuneren de forma justa las prácticas que protegen los recursos naturales. «No basta con exigir más compromisos ambientales: hay que pagarlos de forma justa y simplificar su aplicación, para esto podría servir, por ejemplo, el Plan nacional de Restauración de la Naturaleza, que debe aprobarse este verano tal y como marca el reglamento europeo», defienden.
UPA coincide con los diagnósticos científicos y ambientales que señalan que el suelo fértil es un ecosistema vivo que almacena carbono, retiene agua y sostiene la biodiversidad. Sin embargo, recuerda que su pérdida por erosión o degradación tarda siglos en revertirse, lo que exige defender a los productores como los verdaderos “guardianes del suelo”.
En este sentido, la organización valora positivamente prácticas como el mantenimiento de cubiertas vegetales en cultivos leñosos o el incremento de la materia orgánica para mejorar la resiliencia de las explotaciones. No obstante, advierte de que estas medidas no pueden imponerse “a golpe de BOE”, con costes añadidos o asfixia administrativa: «La transición hacia suelos más vivos debe hacerse con los agricultores, no contra ellos».
«DEFENDEMOS UNA GESTIÓN RIGUROSA DEL AGUA, PERO EXIGIMOS QUE NO SE CRIMINALICE A AGRICULTORES Y GANADEROS QUE PRODUCEN ALIMENTOS CUMPLIENDO LA LEY Y CUIDANDO EL TERRITORIO»
La gestión activa del territorio es también la mejor barrera contra el fuego. UPA advierte de que el abandono rural y la pérdida de actividades tradicionales incrementan la continuidad de la vegetación, facilitando incendios más intensos y difíciles de controlar. En este escenario, la ganadería extensiva es una herramienta de prevención insustituible: «Cada rebaño que desaparece deja más biomasa sin gestionar, más riesgo de incendios y más abandono rural».
Por otro lado, respecto al debate sobre los recursos hídricos, la organización defiende una planificación rigurosa, legal y sostenible, pero exige trazar una línea roja clara. UPA reclama diferenciar de forma nítida a los agricultores profesionales y familiares que cumplen estrictamente la normativa de aquellos modelos especulativos o usos que abusan del territorio, como los fondos de inversión: «Defendemos una gestión rigurosa del agua, pero exigimos que no se criminalice al conjunto de agricultores y ganaderos que producen alimentos cumpliendo la ley y cuidando el territorio».
«La desertificación no se frena abandonando el campo, sino manteniéndolo vivo. Y eso exige agricultores y ganaderos con rentas dignas, ayudas bien diseñadas, menos burocracia y reconocimiento social por los servicios ambientales que prestan cada día».


