La digitalización ha entrado en la agricultura con la firme intención de reinventar una actividad imprescindible para la humanidad, una de las más antiguas y necesarias, en aras de un futuro más sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Innovadoras tecnologías como IA (Inteligencia Artificial), IoT (Internet de las Cosas), BIM (Building Information Modeling) o GIS (Sistemas de Información Geográfica), que optimizan los recursos energéticos y garantizan calidad, así como una mayor y mejor coordinación en los procesos, están cambiando la manera de cultivar la tierra, y con ello, la manera de producir bienes esenciales como alimentos, fibras o energía.
Precisión, eficiencia, sostenibilidad, aumento de la productividad y optimización de recursos mediante la reducción del uso de agua, fertilizantes y pesticidas, son algunos de los beneficios que conlleva esta transformación del sector a través de la innovación digital.
Se habla ya de la agricultura inteligente, o de agrointeligencia, conceptos que engloban la necesidad de repensar la actividad para contribuir a la reducción del impacto ambiental y la huella de carbono, impulsando una mayor eficiencia en el uso de la tierra y la conservación de recursos naturales. Algo muy destacable si se tiene en cuenta que la agricultura es responsable de más del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero y del consumo del 70% de agua a nivel mundial.
El uso de BIM ha supuesto una revolución en la gestión de infraestructuras y recursos, y su impacto positivo en la agricultura es innegable. La aplicación de esta metodología de trabajo colaborativa que, tal y como destaca Borja Sánchez Ortega, Director de Proyectos y Director del máster BIM mejor valorado en Internet, el Master BIM Manager Internacional (+IA y VR) de la consultora especializada Espacio BIM -www.espaciobim.com-, “permite centralizar toda la información de una construcción (geométrica, tiempos, costes, ambiental y mantenimiento) en un modelo digital desarrollado por todos sus agentes”, optimiza la planificación y gestión de infraestructuras como invernaderos, granjas o sistemas de riego, permitiendo -en especial en su integración con GIS- crear gemelos digitales 3D para simular condiciones, reducir costes de materiales hasta un 15%, mejorar la eficiencia energética, gestionar activos con precisión y fomentar la sostenibilidad mediante el análisis de datos. Sus beneficios son notables tanto en los cultivos como en la ganadería, la agricultura urbana y los ambientes controlados, la gestión de máquinas agrícolas y la cadena de suministro alimentaria, donde garantiza transparencia y optimización logística, reduciendo desperdicios y costos.
Por su parte, la IA optimiza la producción al maximizar rendimientos y reducir costos mediante agricultura de precisión, monitoreo en tiempo real y automatización. Así, permite un uso eficiente de recursos como agua y fertilizantes, reduce el impacto ambiental, combate plagas y predice la cosecha. El potencial de la IA generativa es enorme en este campo, y cada vez hay más ejemplos que lo demuestran, como el proyecto desarrollado recientemente por Hispatec, una inteligencia artificial generativa llamada Margaret Professional Assistant, con la que los agricultores y las agricultoras pueden conversar en lenguaje natural.
No se quedan atrás las ventajas que proporciona la aplicación de IoT en el sector, que se hace efectiva mediante sensores, drones y maquinaria conectada que monitorean en tiempo real cultivos, suelo y clima, garantizando notables mejoras en las tomas de decisiones, ya que se basan en datos precisos. La implementación digital a través de estas nuevas tecnologías hace aumentar la rentabilidad de los cultivos entre un 10% y un 30%, al reducir los consumos y la mano de obra, prevenir plagas e incrementar la productividad.
Por eso, en un mundo en constante evolución, si se buscan garantías de resiliencia y sostenibilidad, el futuro de la agricultura es tecnológico e interconectado.




