La organización agraria catalana JARC advierte que los agricultores se encuentran en una situación crítica por la carencia de productos fitosanitarios eficientes para combatir plagas, enfermedades y malas hierbas, después de la progresiva reducción de materias activas autorizadas en la Unión Europea.
En los últimos años, multitud de sustancias activas han sido retiradas del mercado sin que se hayan introducido alternativas viables. «Hemos pasado de tener más de 900 materias activas el 2001 a menos de 470 hoy. Es una reducción drástica que deja el sector indefenso ante las plagas», alerta Sergi Balué, responsable sectorial de Fruta Dulce de JARC.
Para la organización, esta disminución compromete gravemente la capacidad de los productores para controlar problemas fitosanitarios tan extendidos como la psila africana, los ácaros y los trips o enfermedades como el fuego bacteriano y las malas hierbas en cereales y arroz, entre otras muchas.
Además, JARC denuncia una situación de competencia desigual, ya que «Europa restringe fitosanitarios, pero paradójicamente, permite la entrada de productos agrícolas de terceros países que no siguen los mismos criterios. Es un doble perjuicio para nuestros agricultores» afirma Osvald Esteve, responsable de fruta dulce de COAG (entidad agraria estatal a la cual pertenece JARC).
Por ello, JARC exige autorizaciones excepcionales para evitar la pérdida de cosechas. Para revertir esta situación, la organización ha hecho llegar al Ministerio de Agricultura un listado de materias activas que requieren autorizaciones urgentes o la ampliación de usos a nuevos cultivos.
Asimismo, estas demandas también se evaluarán el 16 de febrero, en la reunión de la Mesa de Uso Sostenible de Fitosanitarios convocada por el Departamento de Agricultura. «Sin herramientas eficientes, los agricultores no pueden garantizar ni la sanidad vegetal ni la competitividad. Necesitamos respuestas inmediatas», añade Balué.
NUEVAS TECNOLOGÍAS: OPORTUNIDAD, SÍ PERO CON OBSTÁCULOS
El sector apuesta por la incorporación de tecnologías de precisión que permiten hacer aplicaciones más localizadas y eficientes, optimizando producto, tiempo y recursos.
Entre estas opciones, destaca el potencial de los drones. Sin embargo, su utilización está actualmente limitada por la normativa de tratamientos aéreos. «Los drones no pueden tratarse igual que una avioneta de aplicación. Son herramientas de precisión, y la normativa actual está bloqueando el despliegue», manifiesta el Osvald Esteve.
Por esta razón, JARC reclama que las aplicaciones con dron cumplan la normativa de seguridad de vuelo, pero que no sean catalogadas como tratamientos aéreos, para facilitar el uso y no limitar la eficacia.
JARC insta las administraciones a actuar con urgencia para revertir una situación que pose en riesgo la viabilidad de muchos cultivos y la competitividad del sector agrario catalán. «Sin fitosanitarios eficientes y sin normas adaptadas en las nuevas tecnologías para aplicar los pocos que tenemos, es cómo si nos ligaran una mano a las espaldas para trabajar», indica Sergi Balué.
