Pedro Loscertales / Responsable del sector apícola de COAG
Hace años que venimos advirtiendo desde COAG sobre el rumbo que está tomando la política comercial europea. Pero lo que acaba de ocurrir con la firma del Acuerdo UE-Mercosur supera cualquier previsión. No es un mal acuerdo: es un ataque directo, consciente y deliberado contra la apicultura profesional española y europea.
Permítanme ser claro desde el principio: esto no tiene nada que ver con alimentar a la población. La miel se ha convertido en un producto de especulación, movido por grandes empresas que no conocen el territorio, no pisan el campo y no responden ante los consumidores. Para ellos las colmenas no son vida, son números en una hoja de cálculo.
La decisión política de abandonarnos
El contingente aprobado permitirá la entrada progresiva de hasta 45.000 toneladas de miel sin aranceles, eliminando el actual gravamen del 17,3%. En la práctica, desde el primer día, la mayor parte de la miel que llega desde Mercosur circulará libremente por Europa mientras se nos deja sin defensa alguna.
Hasta 45.000 toneladas entrarán sin barreras mientras se condena a la ruina a 35.000 familias apícolas en España. Familias que llevan generaciones cuidando sus colmenas, que conocen cada rincón de sus territorios, que garantizan la polinización de nuestros cultivos y que mantienen vivo el medio rural.
La Comisión Europea ha decidido que una miel producida para inundar mercados internacionales vale lo mismo que la miel cuidada colmena a colmena por apicultores que cumplen normas sanitarias, laborales y medioambientales mucho más exigentes. Eso no es neutralidad: es una decisión política contra el sector apícola.
Precios de miseria, muerte anunciada
Las cifras hablan por sí solas. En 2024, la miel importada entró a menos de 2 euros el kilo, mientras que producir miel en España nos cuesta entre 3,5 y 4 euros. Esto no es competencia, es expulsión del mercado. Cuando el precio no cubre los costes de producción, el mensaje es cristalino: o cierras o desapareces.
Y lo más grave es que esta situación no es un error ni una consecuencia imprevista. Es el objetivo. La Unión Europea está diseñando un modelo agrario sin agricultores, sin ganaderos y sin apicultores. Un modelo controlado por grandes cadenas de distribución y operadores comerciales que compran barato fuera y venden caro dentro.
No es libre comercio: es una guerra
Este acuerdo no enfrenta apicultores de distintos países. Enfrenta a quienes vivimos de nuestro trabajo con quienes viven de la intermediación y la especulación. La Unión Europea ha optado sin disimulo por proteger el negocio de unos pocos frente al derecho de los pueblos a producir alimentos con dignidad.
Llevamos años soportando sequías, enfermedades, plagas, pérdida de floraciones y un aumento constante de los costes de producción. Este acuerdo es la puntilla definitiva. No estamos ante una dificultad más, estamos ante una sentencia de muerte para miles de explotaciones.
En España no hay macroestructuras apícolas, hay explotaciones familiares. Hay pueblos que dependen de esta actividad. Hay biodiversidad que se sostiene gracias al trabajo callado de los apicultores. Pero nada de eso entra en los balances de Bruselas. Allí solo cuentan los volúmenes, los flujos comerciales y los intereses de las grandes empresas.
No vamos a callarnos
Desde COAG exigimos a los europarlamentarios españoles que rechacen la ratificación del Acuerdo UE-Mercosur. Y advertimos con claridad: si se consuma esta agresión, el sector apícola responderá con contundencia.
No vamos a aceptar que se nos condene al cierre para que unos pocos sigan haciendo negocio a nuestra costa. Defender la apicultura es defender la soberanía alimentaria, el derecho a vivir del trabajo propio y la dignidad del mundo rural. Y eso no se negocia en ningún tratado comercial.
La pregunta que deben hacerse quienes toman estas decisiones en Bruselas es simple: ¿qué modelo de sociedad queremos? ¿Un territorio vivo, con familias que lo cuidan y lo trabajan, o un desierto logístico donde las multinacionales mueven mercancías sin importar quién queda por el camino?
Nosotros ya hemos elegido. Seguiremos luchando por nuestras colmenas, por nuestros pueblos y por un modelo que ponga la vida en el centro. Porque cuando la última explotación apícola cierre, no habrá acuerdo comercial que devuelva lo que se habrá perdido para siempre.
